Córdoba, tras los vinos

Nada de uva chinche ni tintos que huelen a chicles Bazooka. Del otro lado de las sierras, casi al límite con San Luis, en Córdoba está brotando una camada de bodegas al borde de hacer historia. Vamos a Traslasierra, el nuevo polo hot de la vitivinicultura argentina.

De seguro escucharon hablar de ella. Una región súper pintoresca en el Centro-Oeste de la Provincia de Córdoba, deliciosa por su gastronomía y sus paisajes zigzagueantes. Yacanto, San Javier, La Población y otros escondites del Valle de Traslasierra que, entre lomas y jarrillas, ocultan una de las zonas vitivinícolas más viejas de la Argentina.

Sí: aunque suene extraño, el vino está acá desde el siglo XVII, tiempo en el que algunos pobladores encontraron en ese clima particular y su amplitud térmica un pretexto divino para sacar de sus entrañas el viticultor que llevaban dentro.

De aquellas bodegas hoy ha quedado solo el recuerdo, como el de ese pequeño edificio de 1902 abandonado en la estancia El Carrizal; la bodega había sido fundada por veinticinco familias del Friuli, Italia, quienes habían venido con un sueño en sus manos: conquistar ese mágico lugar con sus vinos. Plantaron ahí 180 hectáreas de viñedos que con el correr del tiempo se perdieron, sin dejar siquiera registro de qué variedades de uva se trataba. También por allí puede visitarse otra bodega abandonada de, al menos, 70 años de antigüedad en la Finca El Rodeo, donde ya solo quedan los restos de las piletas de hormigón que se usaban para fermentar.

Hoy, afortunadamente, la realidad vitivinícola de Traslasierra es bien distinta. Cada año se suman más y más empresas familiares, pequeñas pero pujantes, que buscan hacer resurgir la historia de la provincia como productora de vinos de calidad. Seguramente el caso más sobresaliente sea el de Nicolás Jascalevich, pionero en esta nueva etapa quien, además de liderar su bodega biodinámica Noble de San Javier, asesora otros varios proyectos como el de Finca El Boleado: apenas una hectárea de Viognier, Syrah y Bonarda que recién cuenta sus primeras horas.

La tarea es ardua, porque aún estamos en pleno proceso de sacar de raíz la idea de que Córdoba solo produce empalagosos vinos de mesa, con cepas de baja calidad enológica como la Isabella (también conocida como Frambua), tan difundida por Colonia Caroya. De éstos aún hay e, incluso, se pueden conseguir vinos secos interesantes elaborados con ella, como el “La Caroyense Frambua”, un tinto livianísimo que entre frutillas y romero cuenta parte de la historia de la provincia.

Ampliar el paladar, de eso se trata. De entender cada vino desde su contexto, desde las manos que lo moldean y la tierra que lo ve nacer. Hoy Traslasierra propone una invitación a disfrutarla de cabo a rabo, con encías, alma y paladar. Ya no solo con la vista.

ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA CUISINE&VINS

10 comentarios en “Córdoba, tras los vinos

  1. Mariano, soy joven para entender de vinos y viejo como para opinar. El frambua es un vino simple, agradable para nariz y boca.
    tan simple descripción tuya como lo es el vino.
    Estas viñas tuvieron su buena epoca de persecución, no cualquier vino entraba en Córdoba como estos suaves, simples y dulzones.
    Que se puede hacer a esto. En su momento fue muy popular tanto que bodegas de otros lados para competir traían vinos “nobles” a granel lo cortaban con agua y azucar y vendían al pueblo cordobés.
    Eso si, nada de mostrar el nombre de la gran bodega cuyana. Pero la demanda es la demanda.
    Tener amigos en La Colonia aclara mucho los porqués de estas cosas. Actualmente hoy, cuando apareces por allá, sacan un pan de la panadería de la esquina, un vino casero o de sol, un salame, o bondiola, un queso cualquiera sin nombre comprado en el almacén (el pedacito que le quedaba hasta el lunes que le traen otro del campo) y eso es solo porque a los de la ciudad les gusta el salamf de allá. Con eso se arma la charla hasta decidir qué comer.
    Buen comentario el tuyo. No invalida para nada los comentarios de quienes conocen y defienden las otras calidades.

  2. Estimado Sr., si bien acepto sus comentarios, no comparto sus opiones y lamento que no conozca de verdad los vinos que elaborados en Colonia Caroya, con indicacion geografica, o los espumosos tambien con IG., elaborados con el metodo champenoisse. Si esta de viaje por Cordoba, sera un placer recibirlo en nuestra bodega, como asi mismo recorrer los viñedos de Colonia Caroya.

    1. Hola Santiago, antes que nada muchas gracias por su comentario.
      Le cuento que efectivamente he tenido la suerte de visitar en más de una oportunidad Colonia Caroya y, además, he probado algunos de los vinos de La Caroyense. Recuerdo con especial aprecio un Merlot combinado con Pinot Noir, si mal no me viene a la mente. Los espumosos también los he probado porque, incluso, de la misma bodega me hicieron llegar muestras algunos años atrás.
      No sé a qué se refiere con el hecho de no compartir mis opiniones, ya que puntualmente de la realidad vitivinícola de Caroya solo dije “La tarea es ardua, porque aún estamos en pleno proceso de sacar de raíz la idea de que Córdoba solo produce empalagosos vinos de mesa, con cepas de baja calidad enológica como la Isabella (también conocida como Frambua), tan difundida por Colonia Caroya. De éstos aún hay e, incluso, se pueden conseguir vinos secos interesantes elaborados con ella, como el “La Caroyense Frambua”, un tinto livianísimo que entre frutillas y romero cuenta parte de la historia de la provincia.”
      Lo de la Isabella como variedad de baja calidad enológica no lo digo como una apreciación personal sino como una descripción de su familia, al pertenecer al género labrusca.
      Aún más, reconozco como interesantes los vinos secos elaborados con ella.
      Le pido disculpas si quizás el concepto “empalagoso” lo molestó, pero es cierto que así como un gran Tokaj puede serlo, también el estilo del Frambuá dulce es uno de los más (sino el más) difundido tradicionalmente en la región.
      Y retomando su invitación, desde ya sería para mí un placer en mi próxima visita recorrer los viñedos con usted, compartiendo un Frambuá dulce, uno seco o un Cabernet, eso es lo de menos.
      Un cordial abrazo,
      Mariano

    2. Comparto lo que dice Santiago……Ya cansado de taninos, maderas, frutos rojos, moras silvestres y que se yo cuantas cosas mas, y recordando sabores de vino cordobes de hace años, compre dos cajas de Frambua Amabile de La Caroyense que me costo encontrar en Buenos Aires…. decorche en un asado en mi casa y la opinion general de mujeres y hombres fue unanime…que rico vino! que delicia!…..y esto creo que es lo unico que vale…… (lo serví con hielo, como se usa en mi Cordoba natal cuando hace calor)

    3. Comparto lo que dice Santiago: hablar de vino con olor a chicle bazzoka es inmerecido (creo que eso es lo ofensivo, no tanto el termino empalagoso. El actual Frambua es suave, frutal, según Ud. seco, pero ante todo ES RICO. Hay decenas de vinos de entre 6 y 10 dólares la botella con mil explicaciones sobre sus notas, su persistencia, etc, pero que uno no volvería a comprar. A veces pasadisimos de roble o con tanta “complejidad” que no se sabe gusto a qué tienen. Si quieren competir, hagan un buen vino.

    4. Estimado Mauro, buenos días!
      Primero que nada quiero pedirle perdón si la descripción del aroma a chicle le resultó ofensiva. En ningún caso tuve esa intención, así que vuelvo a acercarle mis disculpas. En mi caso no lo tomo como un calificativo ofensivo, de verdad que no es así. En muchas descripciones, y lo invito a que visite otras notas mías acá publicadas, utilizo términos que a mí me resultan fáciles de identificar como éstos… y en verdad es ésa la sensación que me queda al probar muchos de los vinos que se elaboraban y elaboran hoy en la zona de Caroya. Pero vuelvo a disculparme si el término fue desafortunado.

  3. Estimado Mariano y lectores en general, muy bueno tu artículo sobre los vinos de Córdoba, pero me permito agregar algunos datos.
    En Córdoba, no solo en el Valle de Traslasierra están naciendo nuevos polos vitivinícolas que están haciendo vinos de calidad, los que ya han ganados premios importantes en concursos nacionales,
    estos polos están del otro lado de las sierras grandes o de Los Comechingones a la misma latitud en el Valle de Calamuchita, en la localidad de Atos Pampa con la bodega Atos, en la localidad de Villa Berna con la Bodega Las Cañitas y en la localidad de Potrero de Garay de Bodega Ottimo, por nombrar las más importantes, además de experiencias de reconocidos enólogos mendocinos que han puesto el ojo en ese terruño.

  4. Hola Mariano, muy bueno el comentario de Traslasierra e oído hablar de esas bodegas pero no las conozco, estaría
    bueno conocerlas ¿ o no?, abrazo.

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