¿Por qué hoy se habla más de vinos blancos que de tintos?

Una realidad que llegó para quedarse. Mientras que por años el mercado mundial estuvo regido por los vinos rojos, cada día más el foco comienza a posarse del otro lado de la vereda. Tendencias, etiquetas, estilos y el porqué de este fenómeno global.

Siendo argentino y viviendo en España me sucede algo muy particular: en ambos países, a un lado y el otro del Atlántico, históricamente hubo una frase que nos marcó. “Acá, el mejor vino blanco es un tinto”.

En 2015, casi una vida atrás, había escrito para la revista peruana Sommelier “Blancas, al poder”, un artículo en el que contaba sobre esas excepciones en donde los vinos blancos dominaban la escena. Hablaba del Sauvignon Blanc neozelandés, de la icónica tradición alemana, del Chardonnay de California. Y, en un momento, decía (textual): “no, no me atrevería a decirles que se trata de una tendencia”.

Y qué equivocado estaba. En una búsqueda mundial por vinos más simples, de alcoholes bajos, acidez más pronunciada y facilidad para beberse una botella entera, el blanco lleva hoy todas las de ganar.

No es casualidad que en Argentina sean algunos Chardonnay del Valle de Uco o Rio Negro los mejor puntuados por la prensa internacional en el último tiempo. Y de las novedades extremas de Chubut, en el extremo posible de la Patagonia, mejor ni contarles. Sí, incluso imponiéndose ante tintos que triplican precios.

Chile vive algo similar desde hace años, siempre beneficiado por sus valles frescos tan cerca del mar.

Aquí en España los Godellos y Albariños gallegos son un movimiento fuertísimo, pero quizás lo más llamativo es ver cómo los Rioja blancos comienzan a levantar la voz, con sus Viura, Malvasía y Garnacha Blanca. En Rioja, sí, en donde difícilmente viésemos foco fuera de sus tintísimos Tempranillos.

Y esto es extraño de algún modo. En los lugares en los que el vino está enraizado en la mesa familiar, como Italia, España o la Argentina, los números siempre ponen a los tintos superando el 70% de la oferta. Blancos, rosados, burbujas, dulces… ésos son actores de reparto.

Muchas veces el clima y el terruño son los que condicionan. Mucho más, incluso, que el mismo mercado que demanda. Les contaba de Nueva Zelanda y la sabia exploración (y explotación) que han hecho de la Sauvignon Blanc. Allí, el clima marcado por el frío y las olas que rompen a uno y otro costado de las islas moldean blancos descontroladamente perfumados, haciendo que el país exporte hoy a uno de los precios promedios más caros del mundo. Mucho tiene que ver el Sauvignon en eso.

Sudáfrica es otro ejemplo, en donde la Chenin (allá usualmente llamada Steen) es particularmente interesante aun cuando durante muchos años se la haya utilizado para vinos de bajo precio y calidades más bien dudosas.

El caso alemán es el más sobresaliente, les decía unos párrafos atrás. Y acá también el clima influyó: cuanto más extremas las latitudes, las variedades de uva blanca parecen sentirse más cómodas, logrando niveles de acidez elevados que dan frescura y potencial de guarda. Así, las características geográficas de Alemania ayudaron para que el país colonice al mundo con sus Riesling, Silvaner y Gewürztraminer. El Riesling es siempre tendencia, y sus ventas a los Estados Unidos (quizás el mayor mercado que marca agenda) no paran de crecer año tras año.

Yo me pregunto si hay algún desafío por delante, y definitivamente sí que lo hay. Es probable que te suceda a vos, leyéndome ahí del otro lado, que todavía veas de reojo al blanco. Eso de que “el mejor blanco es un tinto” caló hondo en nuestra cultura. ¿Vale la pena pagar tanto dinero por ese blanco? ¿Lo guardo igual que a un tinto? ¿De verdad vale la pena? Sí, de verdad.

Miren, siempre todo lo resumimos a nuestra experiencia. Hay factores técnicos que pueden poner a un vino por sobre el otro pero, cuando hablamos de calidad, ahí entran en juego nuestros propios parámetros. Lo que nosotros valoramos. Todo lo que rodea a esa situación de descorche. Entonces ahí es más fácil entender que un blanco no solo puede pelearle de igual a igual a cualquier otro estilo sino que, también, hay situaciones en donde su descorche resulta superador.

Yo soy del equipo de los blanqueros, eso lo saben… ¿por ustedes? ¿Cómo se llevan con los vinos blancos? ¡Cuéntenme en los comentarios que los leo acá abajo!

8 opiniones en “¿Por qué hoy se habla más de vinos blancos que de tintos?”

  1. Allá por los 80, en un Chile dominado por tintos contundentes, especialmente Cabernet Sauvignon, y blancos oxidados que sabían a un jerez de 5ta categoría, apareció un criticado catalán que eligió una zona más al sur de lo habitual, Curicó, que además de tintos, comenzó a producir blancos frescos y frutados.
    La lucha fue dura y de repente los blancos se impusieron en ese país dominado por excelentes pescados y mariscos.
    El catalán era Miguel Torres y sus vinos blancos chilenos, Santa Digna y Don Miguel, este último con una versión rosada de Cabernet Sauvignon también.
    Aún llevo en mi memoria ese Sauvignon Blanc pleno de frutas tropicales, el Santa Digna.
    Historias que se repiten…en ese momento, en Chile, los blancos se pusieron al frente de los tintos

  2. Reproduzco mi comentario en FB:
    Soy fan de los blancos, de hecho me inicié en esto del vino de la mano del torrontés y regionales del NOA, en épocas donde el blanco reinaba por sobre el tinto. Por supuesto que no voy a negar la contundencia de los tintos, pero salgo siempre a defender la versatilidad del blanco. Algunas características notables: el frío no lo lastima tanto como al tinto, en general lo disfruto más a 12 grados pero pueden ser menos. Y si no hace calor, algo más también. A mi juicio acompañan bien muchas comidas, tal vez sin la voluptuosidad de algún tinto pero creo q se banca más algún plato con limón, acompaña bien la pizza, zafa con el picante (yo no consumo mucho, es cierto). La otra, una vez abierto el sobrante va a la heladera y mantiene sus condiciones por varios días, un tinto no aguanta más de 2 o 3. Finalmente, el torrontés es una maravilla. Imperdonable no hacerse amigo, “no me entra en la cabeza”
    De España me gustaron mucho el Verdejo (de Rueda) y el Albariño (Rías Baixas). De Italia el Pinot Grigio (no recuerdo la zona) y el Vernaccia (San Gimignano, Toscana). Nota de color: el Comisario Montalbano suele consumir vino blanco, a la par del tinto. Y en Friends creo q el blanco gana, mucho Chardonnay siempre.
    Paseando x España e Italia, vi importantes exhibiciones en góndola. Blancos igualaban a tintos, y también observé que el precio mínimo de un tinto podía andar apenas debajo de los 2 euros, mientras que un blanco no bajaba de los 4/5. Saluteeeee

  3. Hola Mariano! Soy una de las que estaba equivocada! Años eludiendo los blancos y repitiendo cepas: casi qué quiero pedir perdón. Me enamoré del Sauvignon Blanc, con su acidez tan presente y refrescante, el Chardonnay que invita a festejar sin burbujas, y el Torrontés que es una fiesta perfumera. Qué otras cepas menos habituales en Argentina no pueden faltar?

    1. Jjajaja qué grande, ésa es la actitud. Hay que darles su lugar y dejarse sorprender. En Argentina hay miles… hoy, sinceramente, la exploración en materia de blancos abrió muchísimo el abanico. Mi primera recomendación es que vayas a una vinoteca y te dejes guiar pero, solo como para que tengas una idea, hay cosas interesantísimas a base de Pinot Gris/Grigio, Semillon, Chenin, Viognier, Moscatel… hay tanto afortunadamente!

  4. Mariano,me encantan los blancos,el viognier,chenin,el chardo qué pasa por madera y…el torrontes…me parecen que tienen un camino enorme por hacer,y me gusta descubrir nuevos blanc de blancs,con toques alucinantesARRIBA Argentina!!!Hay mucha gente trabajando para realmente ponerlos en otro escalón

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