¿Vino? ¡Sí, quiero!

Un altar rodeado de barricas es, quizás, el sueño de cualquier pareja amante del vino que esté a punto de casarse. Hoy, las bodegas argentinas abren sus puertas para recrear las bodas más originales que puedan imaginarse.

¿Pensando en casarse? Imaginen lo siguiente: una bodega centenaria totalmente reconstruida. Un salón enorme, con paredes manchadas por rastros de vino y, en el medio, la fiesta de bodas. ¿Buena idea, no?

En Estados Unidos es moneda corriente. Las bodegas californianas, sobre todo, tienen espacios especialmente dedicados a la organización de eventos. Ahí, los futuros novios encuentran una excusa fabulosa para compartir con la familia y amigos de la fiesta y, además, canalizar la pasión vitivinícola. “Uno está totalmente infiltrado en la producción de vino en nuestra bodega: se ingresa por la zona de la molienda de uva, luego se encuentran con los piletones antiguos de hace más de 100 años, después los tanques de acero inoxidable y barricas para, finalmente, encontrarse dentro del salón de eventos”, nos cuenta Melisa Millán, responsable del área de eventos de la bodega mendocina Los Toneles.

Así como suena: ni más ni menos que la clásica celebración, solo que los grandes toneles son el horizonte, y el vino regala el resto. “Al estar cerquita de la producción, es increíble el aroma a vino, madera y uva que hay dentro del salón… ése es uno de los principales fuertes que tenemos en Los Toneles”, dice Melisa Millán.

Todavía suena a novedad. En Argentina fue recién a comienzos de los años 2000 en donde las bodegas comenzaron a ver la veta comercial de abrir espacios especiales para la organización y desarrollo de eventos. Primero fueron los empresariales y, de a poco, las bodas tuvieron un lugar de privilegio.

“Séptima fue pionera en la realización de bodas en bodegas en Mendoza. La primera que recuerdo fue en el verano del 2003… a partir de entonces siempre estuvo entra las más solicitadas para la realización de este tipo de eventos y actualmente lo sigue siendo. Lo que nosotros ofrecemos es un espacio espectacular en la planta alta de la bodega: un salón con capacidad para 180 personas sentadas, con galería y una gran terraza con vista a la montaña”, relata Laura Bravin, responsable de Turismo y Eventos de Bodega Séptima.

Esa estética, con la Cordillera de los Andes actuando como telón de fondo, es lo que más seduce. Por eso, incluso fronteras afuera, los casamientos en bodegas comienzan a despertar curiosidad aún en personas no tan interesadas en el vino. “Las parejas que eligen celebrar su boda en la bodega no solo son mendocinas. Mucha gente de otros países o provincias argentinas vienen a casarse aquí. En general, alguno de los dos tiene un vínculo con la provincia, aunque también hay otros que simplemente son enamorados del vino y deciden movilizar a todos sus invitados hasta Mendoza para casarse en un viñedo”, comenta entre risas Bravin. Y, a esto, se suma la voz de Paula Slamovits, de ventas y turismo de Salentein: “a nosotros nos eligen los novios que buscan un evento memorable; realizamos casamientos tanto al mediodía como a la noche. Vienen de otras provincias e incluso de otros países y no solamente amantes del vino… vienen quienes buscan una experiencia única para ellos y para sus invitados”.