Una nota de color

El color es, tal vez, uno de los métodos más rápidos, fáciles e inexactos de clasificar una cerveza. Aquí, la teoría de las tonalidades en el mundo de las espumas.
Por Marcelo Braga, propietario de Nuevo Origen Microcervecería

El color de la cerveza es, tal vez, uno de los métodos más rápidos, fáciles y muchas veces inexactos de clasificar una cerveza.

Es rápido y fácil porque solo con verla intuimos de qué se tratará: existen ciertos perfiles sensoriales que el color de la cerveza nos puede dar. Por ejemplo, en cervezas negras u oscuras es casi seguro que se utilizaron maltas tostadas, las que aportan sabores y aromas a café, chocolate o tostados. En cervezas ámbar, rojas o marrones, es muy probable la utilización de maltas caramelo que, además de aportar aromas y sabores a frutos secos, pasas y caramelo, nos aporta un cuerpo súper interesante. Por último, uno tiende a identificar a las cervezas rubias como las más livianas, menos amargas y fáciles de tomar.

Bueno… el color puede darnos estas pistas, pero muchas veces hay cervezas que, a pesar de tener el mismo color, son diametralmente opuestas.

¿Qué tienen en común una Scottish Ale con una Imperial IPA, además del color rojo oscuro? La respuesta es, sencillamente, “nada”. La primera es una cerveza levemente dulzona, muy liviana, en donde predominan los sabores de la malta, mientras que la segunda es más alcohólica, extremadamente amarga, y los lúpulos son los protagonistas principales. ¿Y si alguien quiere tomar una cervecita rubia, liviana y refrescante y se encuentra con una trippel belga? Sí, es rubia, pero si existe algo más alejado del concepto de “liviano y refrescante”, es una trippel.

Y esto nos lleva a otro dilema que es el de los estilos. Un estilo engloba cervezas que tienen parámetros como color, amargor, porcentaje de alcohol y perfiles aromáticos similares. Éstos sirven para darle una idea al consumidor de qué se va a encontrar. Es una forma bastante más concreta que la de los colores de diferenciar una cerveza de otra, y brinda al consumidor mucha más información.

Sin embargo, esta división nada tiene que ver con la calidad de la cerveza que, al fin y al cabo, es lo más importante. Prefiero tomar una buena cerveza que en su etiqueta rece “negra” que una en donde la etiqueta diga Stout y sea dulce, totalmente lo opuesto a lo que uno debe esperar de este estilo, y lamentablemente una de las tendencias de las grandes compañías cerveceras que, con el potencial de hacer un gran producto, solo aprovechan la creciente demanda para vender una etiqueta que no solamente no cumple con lo que uno espera sino, lo peor, deja bastante que desear en cuanto a la calidad del producto. Una aclaración: cuando hablo de “calidad” no me refiero a si la cerveza está contaminada o en mal estado, sino a sus defectos de elaboración, almacenaje y otros que hacen que aparezcan cuestiones no deseadas.

Por eso, las divisiones por colores pueden servir para darnos un panorama demasiado amplio, pero no nos dará la información suficiente para saber qué esperar de nuestra bebida predilecta.

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