Una charla con Alice Feiring

Es la autora de uno de los libros más leídos de los últimos tiempos. Lugar en donde hace resurgir el concepto de la estandarización, buscando etiquetas más fieles a su esencia, sin aderezos que enmascaren.

Genera controversias, y eso parece gustarle mucho. Alice Feiring defiende a ultranza el concepto de “vino real”: etiquetas que respetan lo que la uva regala, sin maquillajes golosos, sin levaduras de laboratorio ni abuso de tecnología.

Eso apadrinó en su libro “La batalla por el vino y el amor, o cómo salvé al mundo de la parkerización”. ¿Cómo salvé al mundo de la parkerización? Sí, ese mote indeseado que jura que hay vinos que se diseñan para satisfacer el paladar de Robert Parker Jr., el crítico de vinos más famoso del planeta. Este estilo “parkerizado” habla de tintos densos, cargado de color, con una fuerte presencia de madera nueva. “Parkerizar” como sinónimo de “estandarizar”; así se entienden mejor las cosas.

Cuando Feiring habla de los vinos sudamericanos, suele recomendar aquellos a los que, parece, la tecnología les pasó a un lado. “En nuestro país hubo una clara conversión de la industria del vino, en gran parte debido a la llegada de enólogos extranjeros con nuevas ideas. Sin embargo, cuando sugiere vinos locales, por lo general se refiere a los productores más tradicionales como Carmelo Patti o Weinert, cuyos vinos no tienen una gran influencia de las nuevas tendencias…”, la increpé. “Creo que estas nuevas ideas están solamente en busca de buenos puntajes. La gente que me suele gustar tiene una mente propia y elabora el vino desde su corazón, opuesto a los vinos comerciales. Son valientes”, me responde… “¿Por qué me gustan? Simplemente tiendo a pensar que saben mejor.”

¿Entonces nada de tecnología? “El conocimiento es siempre bueno. La tecnología debe estar allí para intervenir si es necesario, pero no para moldear y dar forma. En realidad, apoyo la elaboración de vinos que han sido tradicionales durante siglos, cuando el trabajo se hace en la viña y lo que hay en la botella está destinado a ser lo más fiel posible a la tierra.”

Y ahí desliza el concepto que, para ella, simboliza al “vino real”. “Yo quiero vinos que se hacen (si la cosecha lo permite) sin añadir ni quitar nada, solo un bajo contenido de azufre. Creo que la gente me ve como radical, pero se olvidan de que simplemente estoy en la búsqueda de vinos que sean buenos para la naturaleza y que me gusten a mí.”

Entonces hicimos una especie de guía de compras, diferenciando las principales regiones vinícolas que están andando la ruta de los “vinos reales” frente a los “desquiciados comerciales”. “Italia y España están encontrando su camino de regreso. Son los más fuertes en esta tarea de hacer vinos más naturales. California y Australia están en sus primeros pasos en esta tarea… también hay un poco de movimiento en Austria y Georgia. Después, está plagado de vinos comerciales.”

¿Pero acaso la visión de Alice será la que tienen la mayoría de los consumidores? ¿También en nosotros está esa búsqueda de vinos menos manoseados y más puros? Y su respuesta es determinante: “mira, yo creo que si el consumidor supiese cómo se manipulan la mayoría de sus vinos, incluso los más caros, estaría en busca de etiquetas alternativas.”

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