¿Un vino… naranja?

Cada día más usuales en las góndolas argentinas, los vinos naranjas comienzan a imponerse como una alternativa entre blancos, rosados y tintos. En esta nota que escribí para Alta de Aerolíneas Argentinas, te cuento sus orígenes, cómo se elaboran y el porqué del furor que los envuelve.

Un manual que nos guiara a través del ABC para elaborar un vino sería claro: la diferencia más importante entre uno blanco y uno rojo está relacionada a la maceración, es decir, el tiempo de contacto entre los sólidos de la uva (en este caso representados por sus pieles y semillas) y sus jugos. Muchos componentes de aroma, sabor y color están concentrados en esos hollejos, con lo cual un breve periodo en roce supone que el líquido se impregnará de aquellos perfumes y tonalidades.

Vinos tintos macerados algunas semanas y blancos sin contacto alguno, ésa es la regla. ¿Pero qué sucede cuando el enólogo toma una uva blanca y, en la bodega, incluye hollejos, sube las temperaturas de fermentación y los cría en barricas? De eso se trata el mundo de los vinos naranjas.

Una gran cantidad de pigmentos y polifenoles (entre los que encontramos los taninos, responsables de la sensación de sequedad en el paladar) duermen en la piel de las uvas y, por esto, la mayoría de los productores prefieren evitar la adición de éstos al vino blanco. Pero de excepciones sobran casos; casos en los que los vinos claritos se dejan macerando con sus hollejos durante días, semanas o incluso meses. El resultado es un color curioso que fluctúa entre los dorados y los naranjas intensos, además de su textura, mucho más untuosa y algo tánica.

La producción de estos blancos macerados no respeta fronteras y decenas de bodegas alrededor del mundo se dan el gusto de elaborarlos. Croacia y Eslovenia, por ejemplo, tienen una larga tradición en esta materia, aunque es Italia el lugar en el que, actualmente, los vinos naranjas pisan más fuerte y acumulan mayor tradición. En los últimos diez años, también en Argentina se replicaron ejemplos mayormente provenientes de Mendoza y de la mano de bodegueros alineados con la filosofía orgánica. La clave es partir de uvas muy aromáticas, como el Moscatel, el Torrontés o la Malvasía, para sacarle el máximo provecho a sus narices tan expresivas. Aún siguen siendo excepciones en una góndola dominada por los estilos clásicos, pero con espacio creciente en vinerías.

¿Ustedes los han bebido alguna vez? Tres naranjas recomendadísimos son el Livverá Malvasía ($650, Escala Humana Wines), Via Revolucionaria Torrontés Brutal ($750, Passionate Wine) y 2Km Chardonnay Naranjo ($850, Finca Beth). No son fáciles de conseguir (en www.ozonodrinks.com.ar, por ejemplo, están los tres) pero vale la pena buscarlos.

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