Un tema de sexo

¿Cuánto de verdad hay en que el Cabernet está pensado para el hombre? ¿Realmente es cierto que los blancos son los preferidos del sexo femenino? En un universo plagado de mitos, hoy nos vamos a proponer develar esas leyendas del vino que giran en torno a un simple asunto de géneros.

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¡Uf! Son tres nomás, pero títulos como éstos leo a diario. ¿No les pasa bastante más a menudo de lo que quisieran esta idea de que alguien, por algún motivo aún inexplicable, se anima a afirmar que existen vinos perfectos para los hombres o para las mujeres? Y, en todos esos casos, incluso aseguran que jamás un tinto masculino podrá ser bien recibido por el sexo opuesto. Sí, lo sabemos: hay una serie de leyendas que andan dando revoloteando por ahí; conceptos que dicen que, en materia de comportamiento y consumo de vinos, todo es una cuestión de género.

Les quiero ser completamente sincero: a mí me parece mínimamente extraño pensar que por la variable sexo, los gustos y preferencias cambien tan radicalmente en este tema en particular. Y voy a lo empírico: en todos los cursos, degustaciones y capacitaciones que dicto y asisto me suelo encontrar con una platea completamente equilibrada entre hombres y mujeres. De hecho, a veces las mujeres copan el lugar. Y a ellas (y a ellos también, claro), siempre les pregunto sus gustos… no les miento: más del 80% se confiesa amante de los tintos.

 

Vinexpo dio en la clave

Acá hemos hablado de Vinexpo cuatrocientas veces. O probablemente una decena más. Pues bien, el tema es que se trata de una de las ferias de vinos más importantes del mundo que cada dos años se realiza en Bordeaux, Francia, y que en cada apertura convoca únicamente a personajes del sector de las bebidas. Este suele ser un marco divino para, entre copas, presentar resultados de estudios que luego dan de qué hablar durante los meses que siguen.

Así sucedió en la edición 2011, cuando se mostró un informe en el que se había encuestado a poco más de cien mil mujeres desperdigadas por Francia, Alemania, Hong Kong, Inglaterra y los Estados Unidos. Los resultados eran contundentes: los tintos lideraban toda preferencia, con un escandaloso número: 51,1% (contra el 26,4% para el blanco). ¿Qué tal? Y hubo más: otro estudio español juró paralelamente que el 60% de las mujeres lo prefieren antes que a los blancos, a los rosados e, incluso, que a la cerveza.

Pero no todo queda ahí: se estima que ocho de cada diez compras de vino que se realizan en un mercado están a cargo de mujeres. Es decir, el 80% de las decisiones de compra pasan por manos femeninas que evalúan, en orden, precio, variedad de uva y país de origen. ¿Y esto que tiene que ver? Pues bien, lentamente se han transformado en el foco de los comunicadores del vino, esos que deben influir y virar la elección a sus propios productos.

Así es como en la última década muchas de las campañas publicitarias a través de medios masivos de comunicación se orientan a la creación de etiquetas puntualmente ideadas para mujeres, o con la capacidad de tocar su talón de Aquiles (aunque, también hay que decirlo, un estudio británico reciente mostró que el 70% de las mujeres muestra escepticismo frente a las campañas de marketing enológico dirigidas específicamente a ellas).

¿Entonces? Evidentemente el concepto de que a las mujeres les tientan más los rosé, los dulces, los espumosos o los blancos, definitivamente no es tan cierta.

 

Una uva… masculina

Éste es otro de los temas en cuestión.

Una cepa indicada para la mujer, la otra para el hombre. Granos tintos o blancos que podrían perfectamente tomarse como propiedad exclusiva de cada sexo y, así, jurar que el Syrah, por su carácter exótico, entre lo floral y lo dulzón, es la uva femenina. Pero acá, lamentablemente, no tengo un dato estadístico que me respalde: simplemente puedo asegurarles que hay mujeres a las que el Syrah le fascina, otras a las que ni fu ni fa, y otras que lo detestan. Y también puedo decirles que hay hombres a los que el Syrah les fascina, otros a los que ni fu ni fa, y otros que lo detestan. Nada hace pensar que, genética o sensorialmente, haya una afinidad entre el sexo femenino y la cepa más antigua del mundo.

Por eso vuelvo a mi postura inicial: sigo pensando que es una idea mínimamente vetusta el pensar que el género condiciona una preferencia meramente personal. Más que hombres y mujeres, en cuanto a vino se refiere, somos individuos aislados en busca de un momento inolvidable y fundamentalmente personal con el mejor amigo del ser humano. Después del perro, claro.

2 comentarios en “Un tema de sexo

  1. Amo el vino, en esta vida, y seguramente en las anteriores…y debo haber sido hombre, mujer, perro, plantita de menta.
    Todo lo que queremos son momentos inolvidables.

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