Tomando api en Bolivia

Por ahí lo viste en alguna revista o, todavía mejor, el viaje a Bolivia lo coronaste con él: un líquido dulcísimo y de un violeta sugerente. Así es el api, la bebida clave para conocer el altiplano boliviano.

Así, rabioso. Rabioso y violeta intenso, porque su base son los porotos morados y, por ellos, al resultado le querés sacar una selfie. Se consume en toda la zona del altiplano andino, desde Perú hasta el norte de Chile, una partecita de Brasil y algo de Paraguay. Pero si hablamos de consumo, es en Bolivia en donde tenés que parar.

La receta es fácil, y parte del maíz morado molido, hecho harina, que tenés que dejarlo remojado en agua de un día para el otro. Después se lo cuela y se lo hierve junto a ramas de canela, clavo de olor o lo que le quieras poner, de forma tal de que se infusione y gane en aromas. Ahí sí, lo cocinás hasta que espese, sin dejar de revolver, luego se lo endulza con azúcar blanca común y se le pueden agregar unas gotas de jugo de limón.

Tradicionalmente se lo sirve bien caliente, ni bien se lo saca del fuego, aunque en ocasiones hay quienes lo prefieren frío, con cubos de hielo, para aplacar las tardes de verano que te matan de calor.

Y, si hablamos de variantes, también hay quienes elaboran un api blanco, reemplazando el maíz morado por el morocho, y muchos otros que le incorporan anís y frutas frescas como el ananá o la naranja trozadas.

Pensemos que la bebida termina logrando una textura bastante consistente, razón por la cual no suele ser un refresco para beber toooooooooooodo el tiempo. Sin embargo, sí es cierto que se ha tomado como una tradición en muchas zonas del país, en donde eligen acompañarla con buñuelos dulces y salados y pasteles. También las empanadas de queso fresco son aliadas necesarias del api boliviano.

Hay determinadas ciudades que han entablado un enamoramiento mayor que otras con esta colorida bebida. Lugares como La Paz, Oruro, Cochabamba o Potosí tienen puestos de venta de api en muchas de sus calles principales. También los mercados juegan un rol central en su venta: la famosa Feria de la Alasita, en La Paz, no solamente es reconocida por el comercio de miniaturas para los rituales de la deidad aymara “Ekeko” sino también por la enorme variedad de versiones de api que tienen disponible para los visitantes.

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