Se nos vino la noche

Pensados para matar, para seducir cuando la oscuridad se apodera de todo. Hay vinos así: ideados desde el viñedo con el único propósito de que se disfruten en after office varios, bares, discotecas. Vení que te cuento todo.

Propuestas sin contracturas, en empaques excéntricos, latas, mini ediciones e, incluso, algunos vestidos de frutilla o vainilla para salpimentar la noche.

Años atrás Casa Bianchi lanzó la primera piedra con su New Age: un blanco gasificado perfumadísimo a base de Malvasía (aunque hoy el foco está puesto en la Torrontés) que llegó para taclear a la cerveza y los cocteles. Su éxito fue tal que decenas de otras bodegas, en muy poco tiempo, se lanzaron a la misma tarea: la de conquistar el paladar joven en situaciones de consumo en las que el vino no era ni siquiera una opción.

Se trata en general de productos de alcohol bajo, refrescantes, con o sin burbujas pero siempre cumpliendo la premisa de su facilidad para ser bebido. Y de a varias copas sin llegar a saturar porque, se sabe, la noche debe continuar.

Pero hay más. La industria vitivinícola metida de lleno en la coctelería data desde tiempos del vino hipocrático (esta suerte de blanco o tinto infusionado con hierbas que fundó las bases del vermú), pero nunca estuvo tan en auge como hoy. Con el renacimiento de la coctelería clásica, también los espumosos y blancos secos livianos tienen su momento. Solo tomemos el ejemplo de los Prosecco, las burbujas italianas más difundidas del globo que, aunque muchos los tilden de simplones, están haciendo estragos en los principales mercados del mundo.

Y el packaging, también creado para dar comodidad. En Australia el vino enlatado causó furor, mientras que en Argentina nunca tuvo un éxito rotundo. En cambio, las mini ediciones de vinos y espumosos con tapa a rosca sí embelesaron a más de uno, volviéndolas opciones simples para su apertura e, incluso, para beberlas directo de la botellita.

Tendencias, claro, pero que se agradecen en una industria en la que parece (y solo parece) que la última palabra ya había sido dicha.

ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA CUISINE&VINS

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