¡Paremos con los sucesores!

Quizás es un mal argentino, esto de buscar un reemplazante a alguien que no tendría por qué dejar de estar. El vino no es la excepción y, parece, cada vez son más las variedades que quieren desplazar al Malbec.

Hagamos lobby. Agarremos el serrucho y empecemos a trabajar en el piso del Malbec. ¡Tiene que caer, claro que tiene que caer! Si a Australia le pasó eso con su Shiraz: al principio explotaron las ventas en todo el mundo pero en pocos años llegó la hecatombe, cientos de miles de botellas que nadie quería comprar y un chasco que puso en jaque a muchas de las bodegas de la gran isla.

Claro, a Argentina le va a pasar lo mismo. El Malbec hoy es furor, pero pronto desaparecerá, así que busquémosle un reemplazo. A ver qué tenemos acá… ¿Bonarda? Sí, hay de a montones. ¿Tempranillo? Algo, algo. ¡Y Torrontés! Sí, sí, mucho Torrontés y, además, somos los únicos en el mundo que tenemos de a cientos de hectáreas.

BAAAAAAAASTA.

No sé cómo funcionará en otras geografías, pero me temo que es una manía bastante argenta ésta de buscarle un sustituto a alguien que jamás se ha ido. Todavía sigo leyendo a muchos que hablan de “cepas sucesoras”, de esas variedades de uva que van a estar paraditas cuando el Malbec se desplome. Blancas, tintas, eso no importa.

Es cierto lo que sucedió en Australia. También es cierto que es muy probable que este furor por el Malbec no sea eterno y que, para eso, las bodegas argentinas deban estar preparadas. Pero también hay que ver el otro lado. Déjenme que me explique.

No quiero hacer una comparación literal, pero no me imagino que algún bodeguero borgoñón se levante una mañana y diga: “Vamos, vamos, saquemos todas estas viñas de Pinot Noir y plantemos Moscatel que ahora explota en Estados Unidos”. Mmmmm, le veo pocas probabilidades a esta situación. Tampoco en Champagne dejarían de lado las restricciones que impone el mismo comité que regula la región. Ni el oporto comenzaría a elaborarse con Petit Verdot. A ellos no les hacen falta sucesores, porque confían en sus vinos, en lo que hicieron sus abuelos, en lo que hacen hoy ellos mismos.

Aunque todavía le seguimos buscando, a Susana Giménez nunca se le encontró sustituta. Por mucho que lo intenten, la diva de los teléfonos en Argentina es una sola… nos guste o no. Creo que, a veces, las sucesiones no tienen por qué ocurrir.

Ya en nuestro país es tiempo de dejar de pensar en qué variedad de uva pueda reinar cuando el mandato del Malbec finalice. Hoy la prioridad está centrada en desarrollar lo que hay, en explorar suelos, en hacer cada día mejores vinos. Y, sabemos, el Malbec ahí es clave. Nuestra diversidad geográfica plantea alternativas infinitas, y eso es buenísimo, pero cada cosa debe estar en su lugar.

Paremos un poco. El Malbec es el Malbec y su espacio no puede ser ocupado por ninguna otra uva. De verdad, paremos de una vez con esto de los sucesores… estoy seguro de que realmente no los necesitamos.

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