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mis5 vinos del año

Llegaron ya, los vinos eran cinco. Melchor, Gaspar y el negro Baltasar… ¡Ah, no, pará! Es que el 2013 se está escapando y, bueno, es tiempo de hacer un balance. Los invito a descubrir cuáles son mis5 vinos del año.

¡Mamita! Cómo corrió este 2013, eh?! Entre la flamante paternidad y el trabajo no me quedó mucho tiempo para beber…

Bueno, bueno, un tiempito me hice.

Bueeeeeno, está bien, tomé más vino que nunca, lo reconozco.

La cosa es que después de 365 días de analizar blancos, tintos y compañía, hay algunos que me quedaron retumbando en la cabeza. Son esas etiquetas que salen al mercado y dejan huellas, aún en este 2013 en donde los precios en la Argentina se fueron a las nubes.

Sí, el tema monetario fue un factor decisor y, les aseguro, en mis5 vinos del año tuvo mucho peso.

Hubo lanzamientos con bombos y platillos, otros de perfil más bajo y también un puñado de variedades no tradicionales que a mí me dejaron maravillado y que quise traducir en esta selección. Elegí hallazgos, ya verán, pero lo más importante es que son todos vinos que, con los ojos cerrados, les recomiendo que descorchen.

Acá están, ellos son. Los cinco vinos que marcaron mi 2013:

 

PUESTO 1 > Diamandina Malbec 2010

Fue instantáneo. En cuanto pensé en armar mis5 vinos del año, a éste lo tuve clarito. Fue un amor a primera vista; un Malbec que salió a mercado a competir en una franja de precios en la que cada vez se complica más encontrar aciertos.

El Diamandina Malbec personifica todo eso que debemos exigirle a un buen vino, ese que un poco nos cuesta comprar… solo que éste te entrega esa potencia, esa frescura ácida, esa profundidad de aromas, esa madera de calidad por menos de 50 pesos argentinos. Sí, sé que es su primera añada, con lo cual deberá demostrar consistencia en las cosechas que vienen… ¡pero qué va! Hoy está precioso para disfrutar.

Un año agitado para la industria del vino, con costos y precios ascendentes en el país. Varietales que la rompieron, más y más proyectos nuevos. Pero esta etiqueta de la mendocina DiamAndes, parte de Clos de los Siete, barrió con todo y con todos. ¡A brindar por el año que se va y hacerse de unas botellitas para recibir el 2014 bien acompañados!

 

PUESTO 2 > Zuccardi Aluvional La Consulta 2009

Cuando en mis5 bombas nucleares les mencioné al Aluvional El Peral, sutilmente deslicé la convulsión que su hermanito, el que llega desde La Consulta, le había provocado a mi boca.

Lo que Sebastián Zuccardi le está haciendo al vino argentino no es bueno. Es… diría… maravilloso. La posibilidad de laburar cómodo en tu propio negocio, a veces, invita a que uno se ‘achanche’; a que haga un poco más de lo mismo. Pero cuando se toma esa posición como una oportunidad para desafiarlo todo, para invertir en investigar y desarrollar nuevas cepas, nuevos terruños, entonces ese tipo merece todo mi respeto.

De la mano de Sebastián llega entonces este Malbec grande que se pone de rodillas frente a lo que la naturaleza de San Carlos le quiso dar. Levaduras autóctonas, procesos de vinificación manejados por gravedad para evitar tantos bombeos y embotellado sin filtrar. Cuando lo descorchás empieza el concierto de la canela y el chocolate con leche, la acidez que penetra hondo en las encías y el perfume a una tarde de jazmines bajo el sol mendocino.

 

PUESTO 3 > Ramanegra Reserva Pinot Noir 2011

Alguien alguna vez me dijo: “el que aprecia un Pinot Noir es realmente ése que sabe de vinos”. Presiento que, por ahí inconscientemente, ése es uno de los motivos por el que me habré obligado en algún momento a acercarme a esta cepa. El problema es que ahora no puedo despegarme de ella aunque, lo admito, no es fácil conseguir en Argentina Pinots que realmente te descoloquen.

Casarena está haciendo ruido. Pero no por mera publicidad. Sus vinos son encantadores, y aún siendo una bodega de dimensiones chicas, tienen etiquetas como las de la línea 505 cuya relación precio-calidad es sacada de otro mundo. Pero el vino que ocupa el puesto 3 e inaugura el podio de mis5 vinos del año, es el Ramanegra Reserva Pinot Noir, en su primera cosecha de la historia, la 2011.

Un Pinot bien Pinot, con el color pálido, ese sabor ácido tan emblemático del cepaje y su nariz infinita, floral, especiada, casi putrefacta. Sí, sí, putrefacta. Eso hace tan distintivo a estos vinos, haciendo que los odies o los ames. Yo les juro que con descorchar éste van a optar por la opción dos.

 

PUESTO 4 > Nicasia Red Blend Cabernet Franc 2010

En este 2013 se habló de ella como nunca antes. La Cabernet Franc es, sin temor a equivocarme, una actriz de reparto bastante mal paga. Ni aquí ni en Hollywood se ha alzado como protagonista total y absoluta en un film que rompiera todas las taquillas. Pero ahora parece que está llegando su momento (o algo así).

Si recuerdan, elegí el Nicasia Red Blend Cabernet Franc 2010 en mis5 Cabernet Franc fetiche, y sigo eligiéndolo esta vez como un destacado absoluto del 2013. Podríamos definirlo como varietal, claro, pero en Catena Zapata prefirieron contarnos que, además del 90% de Franc, hay una partecita de Merlot y otra de Petit Verdot… cada una haciendo sus travesuras en esta etiqueta.

Un vino goloso, con el exotismo de la Cabernet Franc, su nariz sucrosa y floral y el paladar voluptuoso, con el roble dulzón que llena la boca de vainilla y flan con caramelo. Una lindísima primera aproximación a la futura ganadora del Oscar.

 

PUESTO 5 > López Dulce Natural 2013

Me siento chiquito hablando de López. ¿Con qué autoridad puedo sentarme a opinar sobre una bodega que existe desde hace más de 100 años, con cuatro generaciones cargando sobre sus hombros madrugadas de cosecha? Sus tintos envejecidos, ácidos, enroscados, tienen una partecita de mi corazón y, aun así, el puesto número cinco se lo lleva un blanco de la casa.

Fue una novedad del 2013, sumándose a la tendencia de vinos dulces de baja graduación alcohólica. El López Dulce Natural 2013 tiene todo el desparpajo de la Torrontés y la Moscatel, a lo que le suma algo de miel y untuosidad de la Viognier. Es un vino barato, de esos que no requieren desembolsos estrepitosos para darse una panzada de buenos momentos. Y la tapa a rosca, detalle nada menor que, sutilmente, deja entrever cierto guiño de los López por alguna que otra tendencia útil.

Es, también debo decirlo, mi humildísimo reconocimiento a una bodega que mantiene la esencia de los vinos argentinos de antaño, haciendo etiquetas que respeto y admiro profundamente. Además de beberlas con enorme glotonería, se imaginarán.

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