Mi primer recuerdo del Malbec, parte II

Un grupo de enólogos que, con él, hacen maravillas. A ellos fuimos con una única pregunta: ¿cuál es la primera anécdota que los une a un Malbec? Cortito y al pie, esto es lo que nos respondieron Andrea Marchiori, Walter Bressia y Alejandro Vigil.
ANDREAAndrea Marchiori
Enóloga, Viña Cobos

Para quienes nacimos y crecimos en Mendoza, el Malbec estuvo siempre presente… creo que desde chica empezó a formar parte de mis vivencias porque el viñedo era nuestro lugar de juego! El recuerdo que sigue hoy vigente y, te diría, que define lo que hago como enóloga, es la forma como mi padre, Nico Marchiori, defendió el Malbec en la época en que muchos lo erradicaron. Su convicción sobre el potencial de esta variedad, y su forma sencilla pero firme de defender su calidad, marcaron en mí un camino. Como él siempre decía: “la calidad va a ser más importante que el volumen” y hoy es así, al menos para nosotros en Viña Cobos.

 

WALTERWalter Bressia
Enólogo, Bodega Bressia

Desde mis inicios como enólogo siempre elaboré la variedad Malbec, además de tantas otras, ya que es la uva emblemática del departamento de Luján de Cuyo, cuna del Malbec argentino, lugar donde siempre desarrollé mi actividad profesional.

Creo que una de las experiencias más lindas, por su contenido y por los resultados logrados, fue la de haber participado como Director Ejecutivo y socio fundador de la Denominación de Origen Luján de Cuyo, entre los años 1987 y 1991, logrando ser la primera y única reconocida en América por la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino). Fue un trabajo arduo cuyo objetivo principal era el de mostrar al mundo el potencial del Malbec local elaborado con identidad propia pero con estilo internacional. Teníamos el varietal, la zona, el clima, el capital humano y el conocimiento técnico necesarios para hacer de nuestro Malbec un gran vino capaz de seducir a los argentinos y al mundo.

Tuve el gran honor de integrar la comisión de degustación con al ‘maestro’ Don Raúl de la Mota y compartir los sueños mientras modelábamos junto a otros grandes de la enología también el perfil del Malbec que accedería a exhibir orgulloso la oblea de la D.O. Luján de Cuyo.

Gran experiencia que marcó un rumbo en el estilo del vino argentino y que, junto a otras acciones que se realizaron, permitieron que nuestro país alcanzara un lugar de privilegio en el contexto mundial.

 

ALEJANDROAlejandro Vigil
Enólogo, Catena Zapata y Bodega Aleanna

Recuerdo hace muchos años a mi abuelo Tristán enseñándome sobre el vino.

Las dos cosas que él amaba eran, en primer lugar, lo que llamó “complejidad” y la segunda cosa era que le gustaba beber mucho vino con los amigos. Esto último no era algo que dijo por casualidad… me acuerdo de que estas reuniones duraban entre 4 y 5 horas donde comían y bebían mucho: empanadas, jamón crudo y asado eran la constante.

Un día le pregunté a mi abuelo cómo tenía que ser un Malbec. Me dijo que tenía que tener cuatro cosas: quitar la sed, ser liviano, ser complejo y que abriera los corazones. Me explicó que cuando decía “quitar la sed” era que sea fácil de beber. “Liviano” se refería a alcoholes menores a los de un destilado para acompañar el jamón, “complejo” porque creía que para acompañar el jamón debía tener suficientes matices y así maridar y, finalmente, que abriera los corazones se refería a que el vino tenía que ser un medio para disfrutar con amigos y no un fin en sí mismo.

Hace unos años, de viaje, me encontré con un productor importante. Le pregunté cómo había que hacer para hacer un vino tan rico, auténtico y que se venda tan caro… ¿Sabés qué me respondió? Aunque usó otras palabras, me dijo lo mismo que Tristán… y ahí pensé: ‘perdí 30 años buscando entender algo que me había dicho ya mi abuelo cuando yo tenía 8’.

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