Malbec a la mesa

Seguro es su fuerte: uno de los pilares por los que el Malbec hace estragos en el mundo es su flexibilidad cuando lo llevás a la mesa. Ahí se acomoda, se despereza un poco y deja a todos boquiabiertos ante el primer descorche. ¿Qué con qué? Una guía para maridar con Malbec.

El tipo se la banca. Le ponés un bife de chorizo y le hace frente. Sentadito al lado de una pizza de anchoas termina saliendo ileso y le subraya la potencia a cualquier guiso con el que lo quieras acompañar. El Malbec es flexible, ni tan áspero ni tan liviano, refrescante en el paladar pero comodín como pocos. Por eso es que cuando hablás de maridaje (en esa idea de combinar bebidas y comidas), nuestro tinto emblema siempre seduce.

Tengamos en cuenta que estilos hay miles, y si conseguís desde un Malbec blanco hasta un tinto de 20% de alcohol, entonces los grises en el medio te invitan a que, comas lo que comas, siempre vas a tener una alternativa que le va a sentar bien.

Un Malbec tradicional, de ésos que encontrás en cualquier góndola, combina de maravillas con casi todas las comidas que hacés día a día en casa: milanesas, tartas, carnes de res o pollo al horno. También con papas fritas, guisos o una buena picada de sábado a la noche.

Así que vamos con estas preparaciones. Yo elegí seis platos conocidos por todos y, en base a ellos, te cuento qué estilo de Malbec elegir.

1Fácil la elección para un pastel de papas, porque el dulzor de las papas (se las cocine como se las cocine) siempre quedan ricas con el Malbec. Si usás mucho comino en la preparación, elegite un Malbec salteño que siempre suele dar esa nota especiada en la nariz. Si no, no te aflijas porque cualquier Malbec de precio medio va a andar de diez.

2Con un parrillada podés jugártela y dedicarte algunos pesos más. Un Malbec con cierto tiempo de crianza en barricas seguro tiene una nota ahumada que, a la forma de cocción, le va a quedar como anillo al dedo. Incluso podés probar con algún blend de Malbec y Cabernet Franc, que tan de moda están hoy en día.

3Para el sushi tenemos dos alternativas: o un Malbec blanco (del que, creo, en Argentina solo existe el Vicentin Blanc de Malbec) o los más usuales espumosos elaborados a base de Malbec. La estructura chispeante de las burbujas le van a quedar de maravillas y, al estar estas etiquetas elaboradas a partir de una uva tinta, seguro sube un escalón en la complejidad.

4Para una paella, clásico heredado, vayamos por el lado de un Malbec rosado. Los hay de a montones, y todos muy buenos. Eso sí, intenten chequear en la góndola y no confundirse al momento de llevarlo con alguno dulce. Lean la cantidad de azúcar residual en la contraetiqueta, porque un rosado dulce con una paella podría ser nefasto.

5Este me encanta: una milanesota de carne con papas fritas es casi un aliado natural del Malbec. Como les conté con el pastel de papas, acá sucede algo similar: difícilmente vayan a pifiarle. Háganse una escapada al súper o a la vinoteca y, sin gastar una locura de dinero, tiéntense con cualquier botella. La elección va a ser acertada seguro.

6Y cerramos con un postre. Un flan con dulce de leche, pero con mucho dulce de leche, por favor. Para acompañarlo podemos elegir un lindo encabezado a base de Malbec: un tinto cuya fermentación se corta con el agregado extra de alcohol vínico, así como si se tratase de un vino de Oporto. Hagan la prueba, la combinación es insuperable.

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