Malbec en la boca de Roberto De La Mota

Un grupo de popes absolutos que nos van a hablar del Malbec desde su punto de vista. Anécdotas, experiencias, historias en torno al gran tinto nacional en una serie de entrevistas a figuras que, en materia de vinos, saben largo y tendido. Arrancamos con el gran enólogo Roberto De La Mota.

¿Qué te contaba tu papá del Malbec cuando eras chico? Mi padre era un gran defensor de la variedad, conocía y confiaba plenamente en el Malbec, pero en los 70, 80 e incluso en los 90 se pagaba más por Cabernet Sauvignon y Merlot que por Malbec. Él fue un gran promotor de sus bondades e incluso elaboró varietales de Malbec como el Weinert 77 que se vendían más caros que los Cabernet Sauvignon de la época.

¿Y en tus inicios en Chandon? Bueno, ahí se vendía parte de la uva para mosto e incluso había un plan para arrancar parcelas de Malbec y poner Chardonnay y Pinot Noir para espumantes. Es más, cuando comencé con el proyecto Terrazas, me costó mucho convencer a la gente de Marketing para que colocaran igual cantidad de Malbec en el plan de exportaciones que Cabernet Sauvignon.

Herencia paterna. Y… mi papá hablaba mucho de las condiciones excepcionales del Malbec para construir cortes de gran complejidad y elegancia. Fue quien me enseñó las diferencias que existen entre las distintas selecciones de Malbec como aquellas de pedúnculo rojo que tienen más color, aromas y taninos que los de pedúnculo verde.

Y en tus épocas de estudio en Burdeos, ¿se hablaba algo del Malbec? Mis compañeros de estudio no sabían nada. Conocían poco sobre los vinos de Cahors y menos aún sobre Malbec. Les llevé botellas y se las hice probar, pero en aquella época los franceses aún hablaban de los vinos franceses y los “vins d’ailleurs”, los vinos de afuera. Por eso me sorprende y encanta ver que ahora los productores de Cahors colocan “Malbec” en la etiqueta. Eso es gracias al logro y éxito de los Malbec de Argentina.

¿Por dónde creés que llegó ese éxito? Principalmente al éxito en los mercados y especialmente en los Estados Unidos… es también fruto de las características del vino, claro.

¿Cuál fue el Malbec que mayor satisfacción te dio vinificar? Muchos. El primero, el que luego se transformó en el Malbec Estrella 1994 de Weinert ya que en él puede aplicar una técnica de vinificación y maceración diferente a la que hacía mi padre y salió bien. Luego los de Mendel y el Finca Remota 2007 porque tiene todo: fruta, cuerpo, volumen, largo, pero por sobre todo, elegancia. Y finalmente el Malbec de La Primera Revancha porque lo hice con mi hijo Rodrigo.

Eso del laburo en familia… Lamentablemente no pudimos las tres generaciones, pero con mi padre trabajé casi 9 años en Cavas de Weinert, así es que compartí muchísimo con él. Comencé, y se lo agradezco todos los días, como operario, así es que aprendí a trabajar desde abajo. Limpié, lavé vasijas y toneles e hice todas las tareas de una bodega desde la recepción de la uva hasta cargar camiones con cajas de vino… todavía recuerdo que entraban 3.200 cajas de seis botellas en un camión con acoplado de 3 ejes.

¿Cuánto tiempo como operario? Dos largas temporadas. Mi padre era muy exigente con él así que podés imaginar que también lo era con los demás y, por supuesto, conmigo.

¿Qué aprendiste de él? Muchísimo, especialmente su búsqueda permanente por la calidad y su intransigencia para lograrla y mantenerla. No había motivo suficiente que justificara elaborar un vino de mala calidad. Sí había por supuesto distintos niveles de tipos y precios, pero siempre un respeto total al consumidor. Era un estudioso… compró libros varios pero técnicos por correo hasta sus 86 años.

Finalmente, te pido que elijas un trío de Malbec que puedan hablarle de la variedad a alguien que jamás la haya probado. Es difícil elegir solo tres y ser además imparcial, pero podría citar uno fresco, frutado, simple y muy bebible como El Portillo, uno más complejo como el de Matías Ricittelli y el Finca Remota. Pero si hay que nombrar solo uno, el que para mí sigue siendo el ícono del cepaje es el Malbec Weinert Estrella 1977.

 

* Photo by Tim Atkin

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