El negocio del vino (más allá del vino)

Además de la venta, las bodegas reciben muchos ingresos gracias a actividades paralelas que, en ocasiones, distan años luz del vínculo directo con el vino. Algunas ideas resultan extrañas, pero todas son opciones válidas!

Si alguna vez soñaron con disfrutar un baño dentro de un jacuzzi con Torrontés en vez de agua, u oler velas que recuerden al Chardonnay o, por qué no, cenar unos fideos al Malbec, ¡éste es su momento!

Hoy, el mercado del vino plantea una enorme cantidad de negocios relacionados con la producción de botellas, corchos y etiquetas. Algunas ideas suenan extrañas (la del jacuzzi de Torrontés es una de ellas) y otras no tanto, pero absolutamente todas son efectivas al momento de crear valor agregado en una industria en la que parecía que estaba todo hecho.

Para las bodegas, el enoturismo es una industria complementaria a la del producto que genera diferenciación y ese plus por el que muchos consumidores incrementan su fidelidad hacia la marca; en California, por ejemplo, el enoturismo es la segunda atracción más importante después de Disneyworld. Y, les aseguro, ellos no han desarrollado aún todo el potencial de la actividad. En Argentina el turismo en bodegas no solo es importante sino que, para algunos pequeños emprendimientos, es una posibilidad única de generar un contacto directo con los consumidores y dar a conocer sus productos. Todavía más, en comparación con California, el enoturismo en Argentina tiene políticas orientadas al consumidor mucho más sólidas.

Claro está que, en este sentido, Estados Unidos se destaca por su inteligencia para transformar cosas del día a la noche. De un desierto a la magnífica Las Vegas, por ejemplo. Y los negocios paralelos al vino no han escapado de esto: el 99% de las bodegas en los Valles de Napa y Sonoma cuentan con un gift shop (muchas veces más grande que su propia sala de barricas) en la que los visitantes pueden comprar quitamanchas de vino, velas aromáticas de Chardonnay, cristalería, productos de delicatesen e, inclusive, libros, CD’s y DVD’s.

Cuando tengo la posibilidad de entrevistar a enólogos o líderes de bodegas hay una pregunta recurrente que me gusta hacerles: «en un mercado en el que todos los vinos comparten un estilo similar, ¿por qué cree que el consumidor los elige a ustedes?» Y la respuesta, trágicamente, es siempre la misma: «Nosotros ofrecemos calidad consistente».

Yo me pregunto: Si todos ofrecemos calidad consistente, ¿dónde está la diferencia por la que me van a elegir a mí y no al de al lado? Tal vez deberíamos aprender de todos estos negocios paralelos para darnos cuenta de que necesitamos innovar; tener la capacidad de ver el mercado desde distintas perspectivas para crear productos que, de verdad, salgan de lo común.

Lo cierto es que el negocio del vino (más allá del vino) parece no tener límites. Más aún cuando las empresas van en su búsqueda.

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