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Las contraetiquetas del blablá

Son una raza que se podría unir perfectamente a mi lista de enemigos. Primero, el decantador (siempre). Después, la copa gruesa de bodegón. Y ahora las contraetiquetas que hablan más de lo que deberían. Acá, mi descargo.

El mundo de las contraetiquetas es enorme y hay de todo, claro. Pero hoy quiero hablarles de las charlatanas, de ésas que se meten en lugares que no deberían. Esas que aseguran que el Merlot de batalla que compraste por algunas monedas combina de maravillas con una anguila del Pacífico besada por el mismísimo Poseidón, acompañada de batatines californianos y alguna que otra especia imposible de conseguir en el mercadito local. ¿De verdad? ¿Hay necesidad?

El asunto es que, muchas veces, con la idea de ayudar al consumidor ese pedacito de papel pegado a la botella terminan jugando el papel inverso, haciendo que muchos se alejen espantados por no poder entenderlas ni descifrarlas.

Sotobosque.

Sílex.

Hoja de grosella negra.

Pis de gato.

Vendaje añejo.

Musgo de árbol.

Juro que todos éstos son descriptores ciertos, usados y aceptados. Todos descriptores que he leído en el último tiempo en distintas botellas. Y, sí, admito que el “pis de gato” es un recurso al que acudo bastante seguido porque me recuerda a mi querido Aquiles y su instinto de mear donde no correspondía. Pero eso ya es otro tema.

En el otro extremo, están las otras. Las que no dicen ni mu y apenas dejan entrever el nombre de la bodega, escondido por ahí entre el resto de los datos obligatorios. Y eso tampoco ayuda del todo.

 

¿Vamos con los grises?

Sí, porque existen, y esos grises son los que me hacen defender una postura que, a vos y a mí, como dignos bebedores seriales, nos ayuda enormemente. Personalmente defiendo la idea de leer las contraetiquetas, siempre. Prestarle atención en la góndola porque, las que son buenas, tienen datos interesante que nos sirve para darnos una idea de qué podemos esperar.

Las que proponen opciones creativas de maridajes, pero bajadas a tierras. Las que te dicen cuál sería una temperatura óptima para tomar ese vino. Las que te cuentan una forma de vinificación particular. También las que te hablan del potencial de guarda.

Cuando tenemos poca data del vino en cuestión, la contraetiqueta nos ayuda a minimizar imprevistos y, así como el precio, sirven a modo de referencia.

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