Larga vida a la Garnacha

Hay uvas incomprendidas, como actrices de reparto a la sombra de grandes estrellas que las vuelven transparentes. Olvidadas, borroneadas de los titulares y muy lejos de los flashes. La Garnacha podría perfectamente jugar ese rol.

Un grano empalagosamente oloroso y productivo por naturaleza, hecho que la convierte en una de las uvas tintas más plantadas del mundo. Ése es de seguro su talón de Aquiles: ocupa más hectáreas que ninguna otra uva tinta en el mundo, habiéndose transformado en sinónimo de vino de mesa en España. Domina más de la mitad de las vides dispersas por todo el norte del país y, sin embargo (y aun integrando algunos de los mejores vinos de Europa), la Garnacha es injustamente relegada.

Rioja es su casa. Por aquellas fincas ibéricas supo vociferarse entre bodegueros una máxima sobre las dos grandes variedades tintas de la zona: el futuro es del Tempranillo, la Garnacha solo acompaña. Desde entonces la primera se esparció con el viento, opacando a la segunda por completo y marcándole a fuego un estigma que hoy, afortunadamente, muchos pretenden quitar.

De la mano de la DOCa Priorat, en España, y de los tintos fragantes de Châteauneuf-du-Pape, a metros del Ródano francés, la Garnacha o Grenache vive momentos de esplendor. ¿Entonces por qué su pasado oscuro? Sucede que aquel desdén nace posiblemente de una incomprensión de su aptitud y potencial. Cuando el rendimiento de la vid escala, la calidad de la uva cae en igual medida, siendo vital el control de la cantidad de racimos producidos y, por ende, de la edad de las viñas (naturalmente, cuando más viejitas las plantas, menos producen). Otro punto a no descuidar tiene que ver con su susceptibilidad a la oxidación, haciendo que una vinificación controlada y a temperaturas cuidadas sea clave para obtener buenos resultados.

Si se la trabaja bien, obtendremos entonces mostos cargados de fruta, sin un color poderosísimo ni taninos potentes pero con buen contenido alcohólico. El vino es delicioso per se, pero la Garnacha, hay que decirlo, también funciona como el complemento perfecto de uvas como la Tempranillo, en España, o la Syrah y la Mourvèdre, en Australia. Les regala juventud, frescura y una nariz encantadoramente jugosa.

Los hay en los principales países productores de Europa, pero también pueden ustedes toparse con exponentes deliciosos en Israel, el Norte de África, Australia, California o Cerdeña. Háganme caso y déjense tentar… yo, por lo pronto, les recomiendo cuatro etiquetas perfectas para recorrer a la bellísima Garnacha de punta a punta del planeta:

1. Château Rayas Rouge, Châteauneuf-du-Pape, Francia

2. Greenock Creek Cornerstone Grenache, Barossa, Australia

3. L’Ermita de Álvaro Palacios, Priorat, España (quizás, la mejor Garnacha del mundo)

4. Lioco Indica, Mendocino, Estados Unidos

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