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Innovar, de eso se trata

En materia vitivinícola, todo está por llegar. La investigación y el desarrollo viven tiempos de esplendor acompañados por la intención de muchos de nosotros que nos derretimos ante una propuesta que salga de lo normal.

En materia vitivinícola, parece que todo está por llegar. Los departamentos de investigación y desarrollo (o el alma inquieta del enólogo, claro) están viviendo tiempos de crecimiento y esplendor acompañados por la intención de muchos de nosotros que nos derretimos ante una propuesta que salga de lo normal.

Esa innovación hoy parte de una filosofía impulsada desde las entrañas mismas de la bodega. Algunas casas vitivinícolas tomaron como eje la evolución del vino y sus aliados y a partir de allí concibieron sus etiquetas. Familia Zuccardi es una de ellas, y la Ingeniera Agrónoma Laura Principiano, responsable del área de Investigación y Desarrollo, nos cuenta que “en cada uno de los sectores es posible crecer e innovar, ya que aunque es una gran bodega, cada uno de los viñedos y sectores en donde se elaboran los vinos es tratada de manera artesanal y diferente. En nuestra área el objetivo es trabajar sobre varios puntos de la elaboración, en bodega y viñedo, con el objetivo de obtener día a día mayor calidad. Hoy nuestro foco está puesto en el terroir, en los viñedos, en donde estamos seguros encontraremos la diferenciación”.

Aún así, quizás Argentina no pueda definirse como un país punta de lanza en lo que a exploración e innovación se refiera. Seguramente nuestra larga cultura vitivinícola restrinja en alguna medida las posibilidades de cruzar el límite de la tradición, algo que difícilmente suceda con Oceanía, el objetivo.

Es que si buceamos en el mapa vitivinícola, no quedan dudas de que las mayores innovaciones en materia de producción y comercialización llegan de la mano de aquellas regiones con menor historial. Es decir, a veces, la falta de historia supone falta de preconceptos y, gracias a esto, la innovación no encuentra límites posibles.

“Yo vengo de una escuela francesa en donde la tradición es muy fuerte y el vino se siente de una manera muy especial, pero después de trabajar en Australia y Nueva Zelanda se me abrió mucho la cabeza y algunos imposibles se me hicieron posibles”. En las palabras de Matías Riccitelli se sintetiza la esencia renovadora que los bodegueros de Oceanía han venido haciendo en los últimos años y que, gracias a ellos, se sembró la semilla de la curiosidad y la exploración en más de un winemaker de Europa, Sudamérica, África o los Estados Unidos.

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