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Entrevista con Pablo Massey

Vamos a descubrir otra faceta del cocinero Pablo Massey. Nada de comida, todo de vinos… de hecho, vamos a indagar en su vino más preciado: el Enzo Bianchi 1994. Una entrevista deliciosa que no tiene desperdicios.

La gastronomía y el vino han ido siempre de la mano. La delicia que supone poder unir ambos placeres es, posiblemente, una de las características que definen al típico bon vivant. Por eso, aquí el reconocido cocinero y apasionado por la buena vida Pablo Massey nos atendió en su casa de San Isidro para guiarnos en la búsqueda de su preciado tesoro: el Enzo Bianchi 1994.

Pablo, ¿cuál es ese vino que atesora? Te diría que si tengo que elegir entre todos los vinos que guardo, sin dudarlo, escojo el Enzo Bianchi Cabernet Sauvignon cosecha 1994. Tengo un recuerdo muy especial del momento en el que recibí esta invitación que dice: “El jueves 15 de octubre, a las 21 horas, quisiera verlo en el Salón Dorado del Jockey Club. El motivo de mi invitación es porque quiero que tomemos juntos el vino que lleva mi nombre: Enzo Bianchi. Usted, que es un entendido, podrá reconocer las características de pimienta negra, casis, ciruela, vainilla, chocolate y otros sabores y aromas. Lo espero, Enzo Bianchi”. Esto está firmado el 7 de octubre de 1998. Yo tenía mi restaurante exactamente hacía un año. Para mí fue la primera vez que una persona me había invitado con tanta intención a la presentación de un vino. Estamos hablando de hace 10 años atrás, donde no existía toda esta evolución que hay hoy en los vinos; yo, como cocinero, me encontré con algo verdaderamente nuevo. También tengo un cariño especial por esta botella porque Enzo Bianchi es, a mi entender, uno de los grandes referentes en el vino en Argentina. La verdad que cuando recibí su carta me sentí un elegido, nunca pensé que me iban a invitar a un evento semejante.

Por ese entonces, ¿se consideraba reconocido dentro del ambiente de la cocina? Tenía mi restaurante que se llamaba Massey… me había hecho mi pequeño lugar. Pero recibir esto, firmado por Enzo Bianchi y escrito con pluma y tinta era raro; nunca más volví a recibir otra. Y tengo esta botella, del año 1994, pero después me compré un par de cajones más.

O sea que ya lo ha probado… ¡Si! Es un vino muy amable, con un espíritu único.

¿Recuerda alguna vez haberlo acompañado con algún plato de su autoría creado especialmente para la situación o, por el contrario, suele abrirlos en momentos en los que usted no está al frente de la cocina? No, la verdad es que reservo muy bien las botellas, por lo que sé perfectamente cuándo las abro e intento preparar platos acorde a la ocasión. Por ejemplo, con un jamón verdaderamente bueno y panes de mis amigos franceses, ya el vino anda solo. No tenés que hacer un gran plato para abrir un gran vino. Solo tenés que encontrar el momento. Creo que el momento es lo más importante y si el momento es importante, seguramente alguna cosita buena vas a poder comer. Por lo general lo abro en navidad, que es un momento familiar; con mi mamá que le encanta el vino, mis hermanos, mi hija, mi familia; es increíble. Este año estábamos en Navidad hablando con mi mamá del vino y pasó mi hija Juana, vio la copa y me dijo: “¿A ver?”, la olió, me miró y me dijo: “¡Chocolate!”… y se fue.

¿Recuerda alguna otra experiencia que haya tenido en esta aventura que supone la guarda de un vino? Si, recuerdo una vez que abrimos un Caballo Loco N° 3 cuando mi primo vino al restaurante y me contó que iba a ser papá. Ni bien me dijo eso, descorchamos una botella… por lo general así son los momentos que yo comparto con el vino: surgen de forma espontánea.

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