Entrevista con José Manuel Ortega Fournier

Él es una de las figuras más importantes de la vitivinicultura regional. Y sabe de lo que habla. Aquí, una entrevista exclusiva con uno de los bodegueros más filosos, críticos y conocedores del mundo del vino.

Escucharlo hablar es un placer. Sus palabras son concisas, punzantes y, ante todo, certeras. José Manuel Ortega Fournier conoce el negocio del vino como pocos, entendiéndolo como un todo complejo que arranca en los viñedos y llega hasta la góndola.

Nacido en España, José Manuel no tiene antecedentes familiares en el negocio, pero hace ya más de una década el destino quiso que se entrecruzara su camino con el de los corchos, las botellas y las barricas. El resultado fue O. Fournier, un grupo de bodegas y viñedos que se dispersan en 435 hectáreas desde Mendoza hasta Douro, pasando por Chile y, claro, por su España natal.

Defensor de las variedades autóctonas, Fournier apuesta a la Carignan chilena, incluso por sobre la Carménère, y se admite un apasionado por la Tempranillo, cepa que cultiva en cada viñedo que posa sus pies.

Directo y con una sinceridad extrema, tuvimos el placer de compartir con él una entrevista repleta de jugosos comentarios, agudas declaraciones y observaciones que invitan a la reflexión.

Hace un tiempo, en otra entrevista que tuve la suerte de compartir con usted, me hizo un comentario que llamó poderosamente mi atención. Me confesó que, en Chile, la variedad Carignan superaría en prestigio a la Carménère. ¿Cómo ve esa realidad hoy? Cada día la veo más confirmada, la Carménère es una variedad elegida por marketing, no por calidad. No es que no pueda haber grandes Carménères, pero las condiciones técnicas de la variedad no se dan como para ser considerada la «reina» de las variedades de Chile. Todas las cepas nacionales salieron por un proceso de selección de calidad a través del tiempo. Y son siempre variedades de ciclo corto o medio para que puedan llegar a niveles de calidad altos en el mayor número de zonas posibles dentro del país. Carignan cumple con todos estos requerimientos. Nosotros, después de haber elaborado nuestra quinta cosecha de Carignan en Chile, cada vez estamos más convencidos de su calidad. Y tanto clientes como periodistas están también cada día más convencidos de las bondades de ella.

¿Y respecto de los blancos? ¿Cómo ve la identidad de los argentinos frente al poder de los chilenos? Creo que, a pesar de que se pueden hacer grandes blancos en Argentina, sobre todo en el Valle de Uco, las condiciones técnicas de Chile tanto en climatología como en suelo son significativamente mejores que en Argentina. En las zonas más frías de Mendoza, siempre se está al límite del nivel de alta calidad. En Chile, O. Fournier ha elaborado vinos blancos excepcionales sin tanto esfuerzo como en Mendoza.

Continuando con el tema, ¿cómo ve la actualidad de los vinos chilenos, desde el punto de vista comercial? Creo que hay una revolución silenciosa hacia proyectos más pequeños y más precisos desde un punto de vista técnico. Creo que la gran asignatura pendiente del sector vitivinícola chileno es poder tener éxito en las gamas de precio medio-altas. Muchas bodegas chilenas quieren aumentar su precio FOB sin un cambio en profundidad en la forma de elaborar sus vinos y sin la selección de las variedades óptimas para las regiones óptimas. Quieren hacerlo a base del marketing y no de la calidad del producto, y eso es inviable.

El hecho de que Argentina haya sobrepasado a Chile en ventas tanto en Estados Unidos como en Canadá, y a punto de hacerlo en Brasil, ha sido un toque de atención severo para el sector en Chile y, como decía antes, se ven movimientos positivos para solucionar esta situación. Por ejemplo, Chile está vendiendo diversidad de variedades como un punto diferenciador y una forma de limitar el riesgo de «australianización».

Interesante. Volviendo al vino argentino, precisamente hoy se está hablando mucho del temor por que suceda algo similar a lo del Syrah australiano con el Malbec local. Esta idea de que pueda llegar a «colapsar» en los mercados internacionales, ¿cree que es posible? Yo llevo varios años con ese mensaje. A pesar de que obviamente soy un enamorado del Malbec, también lo soy de otras variedades como el Tempranillo, el Syrah o el Cabernet Sauvignon. Yo creo que el mensaje que se debe mandar es que Argentina es prácticamente el único país del mundo que puede producir diez a doce variedades a nivel internacional. Esa es la realidad.

Hoy puede que la variedad importante sea el Malbec, pero eso no quiere decir que no se tenga que promocionar fuertemente los blends, o los Tempranillos, o los Cabernets o los Bonardas. En este último viaje a Estados Unidos, por primera vez he sentido un cierto cansancio por el Malbec. Yo me temo que esto se va acentuar si bajamos los niveles de calidad de los Malbec que estamos enviando al exterior. Al final, el furor por el Malbec está creando unos desequilibrios severos entre variedades y calidades. También este desequilibrio se ve en los precios de las variedades.

¿Es fundamental la diferenciación, entonces? Creo que es fundamental comenzar cuanto antes a modular el mensaje y corregir el concepto que desgraciadamente se está extendiendo en el mundo de que Argentina es Malbec. Podemos creernos nuestras propias mentiras y decir que el Malbec argentino no es el Syrah australiano, pero el riesgo existe y es demoledor si no se toman acciones contundentes. Yo, por ejemplo, dejaría de promocionar el Malbec en ciertos mercados más avanzados y comenzaría a “vender” diversidad, calidad/valor y, un punto que no hemos promovido, que es consistencia en la calidad. Es un arma de marketing infalible que llevamos doce años sin una mala cosecha.

Recién hablaba de los blends argentinos. ¿Qué opina de ellos? Que creo que son excepcionales, y que se pueden encontrar entre los grandes del mundo. Hay un mercado para este tipo de vinos que ciertamente no es el masivo pero es el que compra los vinos de más precio. Nosotros, en O. Fournier, hemos apostado desde siempre por los blends más que por los varietales y estamos muy satisfechos con los resultados hasta ahora y, sobre todo, en el futuro a mediano plazo. Eso sí, para elaborar blends interesantes hay que tener enólogos con un talento y una sensibilidad especial.

¿Y con el Tempranillo? Siendo una variedad indiscutidamente española,¿cuáles han sido los resultados cuando las ha cultivado en Sudamérica? La Tempranillo es una variedad excepcional tanto en España como Argentina, y es una pena que en este último país no se le dé la relevancia que se merece. Nuestros Alfa Crux Blend están muy reconocidos como exponentes de altísima calidad de vinos argentinos y llevan un porcentaje mayoritario de Tempranillo. Esta variedad es la quinta por hectárea en Mendoza y la cuarta en el Valle de Uco. Nosotros trabajamos con viñedos de Tempranillo de más de 70 años en algunos casos, plantados por los inmigrantes españoles de la época.

En nuestra experiencia, el Tempranillo argentino se complementa magníficamente con el Malbec, pues cada uno ofrece características diferenciales pero complementarias. Adicionalmente, el Tempranillo permite añejamientos más longevos que el Malbec.

Finalmente, como español, ¿qué cree que el Nuevo Mundo debería aprender del Viejo Mundo? Yo siempre creí en que todos tenemos que aprender de todos. Por eso O. Fournier produce vinos tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Es curioso porque los críticos de vino comentan que nuestros vinos de Ribera del Duero tienen alma sudamericana y nuestros vinos de Sudamérica tienen elegancia europea. Esa elegancia y la frescura que vienen de la acidez nos han hecho buscar siempre zonas frías como el Valle de Uco, San Antonio, Maule. Pero al final, es ese toque local el que los hace únicos.

 

EN ESTE LINK PUEDEN VER EL ARCHIVO EN PDF CON LA NOTA ORIGINAL, PUBLICADA EN LA EDICIÓN NÚMERO 61 DE LA REVISTA PERUANA «SOMMELIER»

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