Entrevista con José Luis Mounier

Es uno de los enólogos más consultados del país que, hace ya más de 20 años, dejó su Mendoza natal para crear vinos gloriosos en tierras salteñas. Hoy, es el referente del Torrontés argentino, y acá lo entrevistamos.

Hay enólogos que trascienden su propio nombre. Lo hacen a fuerza de su historia, el trabajo y, lo fundamental, esa pasión inexplicable por crear un gran vino. José Luis Mounier es una de esas personas: un mendocino que roza los 50 años y que, allí por 1986, decidió instalarse en Cafayate para dar rienda suelta a ese ilimitado entusiasmo por dar vida a vinos que quedan en el recuerdo. Experto en vitivinicultura de altura, ha transitado las más variadas viñas desde Holanda hasta Canadá, cosechando conocimientos que embotella año tras año en sus vinos de Finca Las Nubes.

¿Qué cosas han cambiado en la vitivinicultura salteña desde que usted comenzó hasta nuestros días? Bueno, yo estoy en Cafayate desde 1986 y todo el cambio que vivió la vitivinicultura de Argentina a partir de 1987-1990, también lo vivió Salta, pasando de producir cantidad a calidad. Creo que la presencia de asesores internacionales, sin desmerecer lo que hizo la gente local hasta ese momento, la necesidad de exportar y la presencia de esos clientes extranjeros en nuestros centros productivos nos hicieron dar cuenta de cuánto nos faltaba para ser competitivos y creíbles. El primer cambio se tuvo que producir en nuestras cabezas, tema que no fue fácil y, si bien falta mucho por hacer, estamos mejor que el año pasado; esto significa que continuamos en la senda del trabajo serio para consolidar a Argentina como productor de vinos de calidad.

De sus vinos, hay uno que siempre se ha destacado y es el Torrontés. ¿Qué cree que tiene de especial? La verdad que en estos 23 años he elaborado muchos litros y eso me ha hecho conocer bastante los viñedos y las subregiones de Cafayate. Pienso también en las críticas que nos hacían los extranjeros en aquellos años: que eran vinos con aroma intenso y a veces salvaje, vegetal, flacos y oxidados; por eso siempre he tratado de lograr un vino que tenga color de vino, no pálido, aroma intenso y delicado y con un perfil internacional. Seguro que por la gracia de Dios tengo un olfato o intuición especial que hace que este vino sea diferente al resto.

¿Confía en que el Torrontés sea la gran esperanza blanca argentina? Como están las cosas hoy, con mercados cambiantes y dinámicos, consumidores nuevos, curiosos y objetivos, donde la gente ya bebió mucho Chardonnay, el buen Torrontés es y será una excelente opción de vino blanco argentino.

Por último: en Salta hay una suerte de ‘carrera’ por encontrar los viñedos más altos del mundo. ¿Cree que realmente es éste el camino para lograr mejores vinos en la provincia? Lo de la altura sin duda que es un elemento diferenciador para lograr vinos típicos y únicos, aunque no creo que sea el camino para hacer vinos de calidad. También para el marketing es importante, pero, más allá de todo, hay que ser muy profesionales y todo ese piripipí se debe ver reflejado en la copa.

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