El acento argentino del Chardonnay

Un país extensísimo en donde las cepas blancas parecen ir detrás de las tintas. La Chardonnay, sin embargo, se impone cada vez con más fuerza, descubriéndose interesantes terruños y descifrándose un estilo 100% nacional.

Hay un espíritu nacional, de eso no quedan dudas. En Argentina, las cepas blancas que lideran todos los conteos son la Pedro Giménez y la Torrontés Riojano. Eso sí, el podio lo cierra una variedad internacional que es la reina absoluta de los viñedos de este planeta (y, quién les dice, también de algunos otros). La Chardonnay está ahí presente.

La Chardonnay en Argentina tiene un presente muy bueno, y un gran futuro por delante. La gente de a poco va incorporando cada vez más los vinos blancos entre sus bebidas; esta aceptación de los blancos en general ha sido escasa, pero de a poco va tomando mayor protagonismo. De hecho, en nuestra bodega es de las más vendidas”, cuenta Lenny Martínez, enólogo de Domaine Bousquet que, justamente, con su Grande Reserve Chardonnay obtuvo una Medalla de Oro en la edición 2012 del concurso Chardonnay du Monde, habiéndose convertido en la única casa argentina en recibir tal distinción.

Si vamos a los números fríos, la Chardonnay es la tercera variedad blanca más importante del país, después de la Pedro Giménez y la Torrontés. Lo que resulta más llamativo es su evolución; solo con realizar una comparativa entre el año 2010 y el 2011, la gran variedad blanca aumentó su superficie un 40%: de 4.624,7 hectáreas a 6.472,9 en apenas 12 meses. Todo un indicador.

Es difícil generalizar, pero los mejores resultados que se están obteniendo en el país llegan de las zonas frías de Mendoza y Patagonia. Los suelos del Valle de Uco y del Valle del Rio Negro le imprimen un carácter mineral interesantísimo. Lejos del perfil de los Chardonnay de Chablis, eso sí, y en un punto intermedio con los potentes californianos.

Entre estos dos estilos, de hecho, parece estar asomándose un tercer eslabón. Una unión que logra obtener la estructura y untuosidad de los norteamericanos pero sin caer en la pesadez de su empalagoso paladar. Laura Catena, CEO de Catena Zapata, cuenta que, justamente, “el Chardonnay argentino de las zonas altas en Mendoza es diferente de los Chardonnay de otras partes del mundo: tiene la acidez y la frescura en boca de Borgoña, y una mezcla entre lo floral y lo mineral que es única. Si me preguntan, yo veo un gran futuro para el Chardonnay argentino como vino de guarda y vino que puede competir con los mejores del mundo“.

También hay que ser sinceros: Argentina no es un país mundialmente reconocido por sus vinos más claros. Malbec, blends tintos y algo de Cabernet Sauvignon están asomándose, pero en materia de blancos nos queda una asignatura pendiente. Apenas el Torrontés parece conquistar algunos mercados, pero con un perfil que busca el vino simple y fácil de beber. No con la distinción de un gran Chardonnay.

Aún hay un largo camino por recorrer, decenas de nuevas cosechas que vendrán y, en el medio, un centenar (o miles, por qué no) de buenos Chardonnay por descubrir.

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