Egipto y sus vinos

Aunque todavía sobreviven algunas bodegas, los vinos del norte africano están sufriendo un lento y triste retroceso. Lo que fue, lo que es, y las perspectivas a futuro de un productor poco conocido por acá, pero con tremenda historia sobre los hombros.

¿Habrá algún otro rincón del mundo en donde la vitivinicultura pueda contar tanta historia como en Egipto? Desde el tiempo de los primeros faraones, la uva y sus compañías fueron partes esenciales de la civilización, encontrando hoy una realidad absolutamente distinta.

Actualmente, la escasa producción de vino está agolpada en el norte del país, más precisamente en las cercanías de la ciudad de Alejandría. Allí, con la Pinot Blanc, la Sultanine Blanche, la Chardonnay y la Cabernet Sauvignon al frente, se elaboran vinos que, para nuestro lamento, están en franco declive.

La pregunta es: ¿cómo es posible que un país con enorme historial en la materia hoy tenga una industria desdibujada? Quizás el problema principal está planteado en el mercado interno, teniendo en cuenta que la mayor parte de la población del país (aproximadamente un 75%) está conformada por musulmanes que, por una cuestión religiosa, tienen prohibida la ingesta de bebidas alcohólicas. Por ende, los vinos locales son en su mayoría bebidos por turistas en los principales centros de atracción del país como Alejandría y El Cairo. Esto, al final del camino, tuvo sus ingratas consecuencias.

Hoy, en el país se producen anualmente alrededor de 4.000 hectolitros de vino, surgidos de las 67.500 hectáreas de viñas registradas. El mercado local está muy concentrado, con pocas empresas que acaparan la gran porción de la torta (como para que tengan una idea, la firma Al Ahram Beverages Co. maneja, solita, el 69% del total del volumen producido).

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