Diario de viaje: Toro

Ya casi termino mi recorrido por Toro. Acá la vida es maravillosa: cantinas bañadas de fuertes tintos del lugar, todo acompañado de los clásicos tapeos. Los invito a leer una nota para saborear de principio a fin.

Llegué a Toro invitado por la bodega de Francois Lurton. En Argentina mucho no se conoce de este lugar, porque es una pequeña joyita española de la cual recién ahora se está empezando a oir en el mundo entero. Los vinos de acá se elaboran con la llamada “Tinta de Toro”, un Tempranillo adaptado al clima extremadamente cálido de esta Denominación de Origen.

Toro es un pueblo pequeño, de poco menos de 10.000 habitantes y muy próximo a Valladolid. Inversores como Francois Lurton o Vega Sicilia han comprado tierras aquí y están dando de qué hablar con sus vinos… pero no quiero contarles únicamente de esos vinos; mucho más jugoso es el folclore que envuelve a todos los que viven acá.

En Toro, la gente suele terminar de trabajar alrededor de las 2 de la tarde; a partir de allí, se trasladan al centro del pueblo y se reúnen con amigos en alguna de las decenas de tabernas a “chatear”. ¿A qué le llaman “chatear”? Es, precisamente, el saborear vinos por copa… antes se bebían en pequeños vasos que recibían el nombre de “chatos”, aunque hoy se han reemplazados por copones de cristal fino. Les aseguro que es esto lo que más me ha llamado la atención: en absolutamente todas las tabernas (típicas del lugar y sin el mínimo rasgo de sofisticación) los vinos se sirven en copones de cristal y a la temperatura ideal.

El primero del grupo de amigos que llega a la taberna paga una ronda a todos. Una vez que se terminan sus copas, se trasladan a la taberna de enfrente en donde otro paga una nueva vuelta de vino o cerveza. Todo esto para “preparar el estómago” antes de almorzar.

Aún siendo sommelier y teniendo que beber vino como parte de mi trabajo, les juro que si bebiese apenas un porcentaje bajo de lo que aquí se bebe, estaría internado y en recuperación. Pero este folklore es maravilloso: la gente grita por las calles, los amigos se abrazan y los ancianos se reúnen en la plaza del pueblo para compartir algunos tragos del pesado vino tinto de Toro.

Ya mañana me estoy yendo a Logroño, capital de Rioja. Así que desde allí les seguiré contando nuevas anécdotas de viaje.

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