Diario de viaje: Estoy bebiendo estrellas

Venid hermanos, estoy bebiendo estrellas! Esa famosa frase es la que, se comenta, exclamó Dom Perignon la primera vez en la que, por error, descubrió el sabor del Champagne. Desde Reims, este es mi informe.

Portos, Jereces y Champagnes. Esa es, quizás, la trilogía de “vinos especiales” más famosa de la tierra. Ya les conté algunas cosas de las primeras dos y ahora me encantaría poder compartir con ustedes una brevísima reseña del espumoso más prestigioso.

Se puede llamar “Champagne” a ese vino que tenga una segunda fermentación dentro de la botella y que se produzca, necesariamente, en la región del mismo nombre, a unos escasos kilómetros al noreste de París. Acá solamente se pueden utilizar tres variedades de uva: la Pinot Noir, la Pinot Meunier y la Chardonnay, está última la única cepa blanca. En Reims y Epernay, dos de las ciudades más importantes de la región, caminé bodegas muy reconocidas como Moët & Chandon, Pommery, Mercier o Mumm, y otras no tanto como Achille Princier, pero en todas ellas disfruté muchísimo de estos vinos.

Para serles sinceros, intenté buscar Champagnes malos. Algún Champagne que me pareciera vacío, poco expresivo, “medio-medio” o como ustedes quieran llamarle. La verdad, fracasé. En última instancia había Champagnes que eran “un poco más del montón”, pero su calidad era siempre inobjetable.

La segunda fermentación en la botella les asegura una burbuja fina que no resulta agresiva al paladar (piensen, por ejemplo, en un agua gasificada y compárenla con una “finamente gasificada”… así se siente la diferencia entre un espumoso con segunda fermentación en botella y otro con una segunda fermentación en un tanque de acero inoxidable) y, además, la elección de esas 3 variedades de uva les permite mezclar la potencia de un Pinot Meunier con la elegancia de un Pinot Noir y la fruta de un Chardonnay… el resultado es algo exquisito.

Acá no hay tantas variantes como en Argentina. Nosotros tenemos Brut, Extra Brut, Demi Sec, Sec, Dulces, etc, etc… en Champagne, en cambio, el 80% de la producción corresponde a Brut, y el resto se reparte en otras dos clasificaciones. Nada más.

Todas las bodegas son gigantes, porque la Apelación (AOC) los obliga a tener que guardar las botellas durante años en sus propias cavas. Por esto, deben tener grandísimos espacios en donde poder apilar las distintas añadas mientras hacen su segunda fermentación. Moët & Chandon, por ejemplo, tiene más de 6 kilómetros de cavas subterráneas, y todo eso debajo de la ciudad de Epernay. Como les cuento, los vinos son realmente exquisitos y se entiende el por qué es uno de los estilos más copiados.

Hoy me estoy yendo de la región de la Borgoña, para internarme en el Valle del Ródano antes de pasar a Italia. Los vinos de aquí han resultado fabulosos, con una complejidad que muy difícilmente encontremos en los Pinot Noir o Chardonnay argentinos… pero no les voy a contar más, esperen unos días que se vienen más novedades!

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