Desterrando mitos: o corcho o nada

Se escucha por ahí: solo el alcornoque es el indicado para los vinos de calidad, porque esos indeseados tapones sintéticos solo condenan al líquido a un segundo puesto. El mito de hoy se basa en el preciado sello final.

Desde que las alternativas al típico corcho natural empezaron a reinar en los picos de las botellas, muchos fomentaron el mito que hoy nos congrega: los tapones sintéticos o las tapas a rosca solo indican una menor calidad en el vino. Si esos tintos o esos blancos son realmente buenos, entonces necesariamente deben abrazarse al queridísimo alcornoque.

Por estos días, el mundo de los tapones se divide más o menos así: un 70% de las botellas de vino están selladas con corcho natural, y el otro 30% le pertenece a las alternativas sintéticas (con las tapas a rosca en ascenso). Son datos indicativos porque, por ejemplo, en Nueva Zelanda el 70% de todas las botellas lleva alguna alternativa al alcornoque.

El tema es que cada sistema de taponado se adapta mejor a un estilo de vino. Por ejemplo, los corchos de mala calidad tienen algunos serios problemas, entre los que se destaca el asqueroso TCA. Para que este tema no exista, un tapón sintético o una tapa a rosca (también llamada screw cap) son la solución perfecta. ¿Entonces por qué algunas bodegas optan por esos corchos chiquitos de aglomerado, que se desarman y suelen llegar a la mesa ya manchados? Hay una única explicación, y esa está enroscada a este mito: el consumidor piensa que los corchos, aunque de mala calidad, son mejores que uno sintético. Y eso es incorrecto.

La principal bondad del corcho de alcornoque es que, al ser un material poroso, permite un pequeñísimo intercambio de oxígeno entre el vino y el exterior. Esto hace que determinadas etiquetas mejoren con los años; ojo, son solo algunas que, de hecho, son justamente las excepciones. Por eso, en tintos longevos que durarán muchos años en botella, el corcho sigue siendo la mejor opción.

Pero en el 95% de los vinos, todos esos que nosotros bebemos tan a menudo, es preferible una screw cap o un cierre plástico antes que un corcho malo.

Y en este punto, quizás las tapas a rosca tienen más beneficios que el tapón sintético. Algunos estudios demostraron que, con los años, las screw cap mantienen un cierre absolutamente hermético, mientras que los tapones dejaban pasar mucho más oxígeno, incluso, que el mismísimo corcho, corriendo el riesgo de que se oxide involuntariamente. Por eso no habrá problemas si el vino está pensado para beberse en breve (pongamos unos cuantos meses, a lo sumo dos años).

Por otra parte, estas alternativas tienen grandes beneficios. Al prohibir esa oxigenación en el corto plazo, mantienen como nuevas las características de los vinos de cosecha reciente. Mantienen la fruta, su expresión, su juventud, su acidez… y eso está buenísimo.

 MITO COMPLETAMENTE FALSO.

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