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Desterrando mitos: descorchar y respirar

Este mito lo jura más de una contraetiqueta: para lograr mayor expresión, se recomienda descorchar este vino al menos una hora antes de ser disfrutado. ¿Realmente esto asegura una correcta oxigenación?

Este mito surge simplemente mirando detrás de la etiqueta. Me he cansado de leer esa bendita oración que le suplica al consumidor la idea de descorchar el vino un tiempo antes para que, así, ese tinto pueda ir oxigenándose de a poco hasta alcanzar una expresión completa.

La idea, simplemente, es forzar a que el vino (generalmente hablamos de tintos) empiece a romper sus moléculas aromáticas, resultando más perfumado con el correr de los minutos. Es el mismo objetivo que se alcanza cuando el decantador se utiliza para oxigenar, o incluso cuando nuestro amiguito va mutando adentro de una copa, partiendo desde una nariz simplona hasta una explosión interminable de aromas.

Repito: el objetivo es forzar al vino a “abrirse”, exponiendo una buena parte de ese líquido a una superficie de aire lo suficientemente grande. Por eso también los decantadores suelen tener una base muy ancha: ampliar esa área de contacto entre el aire y el vino es la intención.

Ahora bien. Descorcho el vino y dejo a ese vino sin su tapón, con la botella abierta. ¿Cuál es realmente la superficie de contacto? Mmmmm, apenas los milímetros cuadrados que caben en el estrecho cuello de la botella. Solamente ese pedacito de vino es el que está en contacto con el aire. Pequeño, muy pequeño es el contacto. Pequeño, muy pequeño es el resultado.

Y lo practiqué en casa. Agarré tres botellas: una la serví en la copa, otra la descorché simplemente y, la última, la dejé cerrada. Esperé dos horas y volví a ellas. La primera fue, por lejos, la más expresiva de todas. Entre la segunda y la tercera botella, les confieso, la diferencia fue nula. El resultado era el mismo entre ese recipiente sin corcho y el que aún lo conservaba.

Y hay más: lamentablemente me suele pasar de ver este mito impreso en las contraetiquetas de tintos simples, que bajo ningún aspecto requieren una “oxigenación” previa. Es esta idea de creerse más de lo que se es. De serle infiel a la honestidad para jurar una complejidad que, en verdad, es pura ficción.

No hay mucho más para decir. Si el vino necesita respirar, entonces debe hacerlo en el decantador (cosa a la cual me opongo abiertamente) o en la copa (acá sí estoy de acuerdo). El sentido de hacer un simple descorche horas antes del consumo es, como mínimo, una tremenda paparruchada. He dicho.

MITO COMPLETAMENTE FALSO.

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