Decile sí al vino en vaso

En bistrós al paso o restaurantes de alta alcurnia, el vaso (sí, sí, leés bien) está de moda. Pareciera que la copa, siempre vista como el fetiche de la vajilla, le suma demasiada estructuras y, en busca de un plan b decontracté, el vaso dio en la tecla.

Cuando en 2004 la empresa austríaca Riedel lanzó “O”, el primer vaso de cristal con distintas formas de acuerdo al varietal del vino que se tratase, se revolucionó por completo la escena internacional. ¿Un vaso? ¿Pero qué quedará de todas aquellas razones que, por años, nos convencieron de que era una estilizada copa el primer, último y único recipiente adecuado para los tintos y los blancos?

El diseño de esa copa tenía (y la tiene, claro) una función principal: alejar la mano del bebedor lo máximo posible de su boca y nariz. Así, tomándola por el tallo, evitaremos calentar al vino, contaminar nuestra apreciación con el aroma a perfume o jabón de los dedos y, además, sortear el escollo de ensuciar el cristal. La copa da respuestas a todo.

Y ahora esto.

Y ahora el preguntarnos qué pasará con la temperatura del blanco si usamos un vaso que, necesariamente, deberemos tomar por el cáliz. Entintaremos las paredes a fuerza de huellas dactilares y ese perfume que tanto nos gusta usar de seguro se va a entremezclar con los aromas del Chardonnay 2014 que olía a vainilla y ahora es una maraña indescifrable.

Lo sé: propuestas así siempre generan debates, pero es ahí en donde ir a las fuentes, a la génesis de nuestra cultura, siempre da una respuesta fiable. Emprender un viaje de vuelta al vino en el hogar, al vino como compañero de mediodías calientes del centro de Italia, de compinche de terrazas andaluzas, de tradición francesa por excelencia. Allí el vino siempre se sirvió en vaso… en esos de cristales groseros que harían hoy espantar a más de un sommelier. Vidrios gruesos tallados, de color verde o caramelo, servidos casi hasta la boca al punto de rebalsar. Ahí llega el relajo y se comprende, finalmente, que aunque las tendencias serpenteen a lo largo de los años, siempre es lindo volver a donde todo comenzó.

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