Corchos naturales, sintéticos y screw-caps

Uno de los últimos pasos en la elaboración del vino es el de definir cuál será el sistema de taponado. Corchos naturales, sintéticos o tapas a rosca. En el mercado del vino de hoy, todos ellos son bienvenidos.

Por más amante que sea de las novedades que puedan surgir en el mundo del vino, hay algo que no les puedo negar: el corcho natural obtenido de la corteza del alcornoque es, indudablemente, el sistema de taponado más difundido del mundo. Desde que el célebre Dom Pérignon decidió tapar sus botellas de Champagne con corchos naturales, éstos se han utilizado para vinos sin distinción de calidades, precios o regiones. El caso es que el corcho es un producto que se obtiene de un ser vivo y, por lo tanto, en ocasiones algunas botellas pueden presentar el famoso olor y sabor a corcho, cuestión jamás deseada.

Por eso, José Zuccardi, director de Familia Zuccardi, nos detalla una serie de pros y contras que presentan los tradicionales corchos naturales y que siempre deberíamos tener en cuenta: “El corcho es un producto natural que por su constitución es un material de excelente prestaciones, siempre y cuando se sepa elegir el adecuado nivel de calidad en función de la guarda esperada en el vino. De cualquier manera, este sistema también presenta ciertos inconvenientes como el gusto a corcho o acorchado; estos productos son generados por hongos o deficiencias en el tratamiento del corcho (el ya famoso TCA) y, justamente por ser un producto natural, tiene la heterogeneidad propia de su origen, con defectos ocultos difíciles de detectar en los controles de calidad.”

Hoy, Portugal es el principal productor de corchos del mundo, con cerca del 30% de la superficie total de cultivo. Le siguen España, Argelia y Marruecos, todas regiones mediterráneas con climas cálidos, donde el alcornoque se ha adaptado especialmente bien. Debido a su elevado costo y la escasa disponibilidad, junto al crecimiento de la industria del vino fraccionado en botellas han surgido distintas alternativas, de las que, quizás, las más difundidas hayan sido el corcho sintético y las screw-caps. Les propongo hablar un poco de ellas.

“Aunque duela pensarlo, un día todas las botellas llevarán tapón a rosca”. Particularmente, no soy un gran amante de los extremos, pero éste es el panorama que plantea la periodista británica Fiona Sims en su libro ‘Guía del Vino’ y que, en algún punto, suena un tanto aterrador. Sin embargo, no es ella la única que apuesta a la masificación de las tapas a rosca. En junio de 2008, la prestigiosa revista Decanter publicó una nota en la que afirmaba: “Es oficial: las tapas a rosca son el mejor método de taponado para la gran mayoría de los vinos, tanto tintos como blancos”. Esta afirmación se desprendía de las conclusiones a las que habían arribado algunos especialistas luego de catar los mismos vinos pero con métodos de taponado distintos. Independientemente de si estamos o no de acuerdo, lo cierto e inobjetable es que tanto este sistema de cierre como el de los corchos sintéticos, asegura una total hermeticidad, lo que impide el contacto del líquido con el aire, manteniendo intactos los rasgos de juventud y frescura en los vinos que han sido elaborados para beber rápidamente.

Australia y Nueva Zelanda, por ejemplo, son dos de los países que más han incorporado estos sistemas. En Argentina, el panorama es algo distinto y los consumidores somos aún algo reacios a aceptar un sustituto que reemplace al tradicional corcho de alcornoque.