Cuestión de fuerza


 

¿Qué esperamos de una cerveza? ¿Cuál es el motivo por el cual disfrutamos tanto de ella? Estas dos preguntas, con un leve tono filosófico, seguramente tienen variadas respuestas y, la conclusión, seguramente sería que depende. Depende del momento, de la compañía, del estado de ánimo. Sin embargo, me gustaría poner sobre la mesa dos movidas que van en crecimiento y que a la vez son diametralmente opuestas. Cervezas de sesión versus cervezas extremas.

Las cervezas de sesión las podríamos definir como aquellas de las que podemos tomar varias pintas disfrutando de una charla sin desvanecernos. De bajo contenido alcohólico (entre 3% y 4,5%), simples de tomar, bien balanceadas y con una complejidad interesante para su fortaleza alcohólica. Entre las cervezas de sesión diríamos que Inglaterra marcha a la cabeza con sus deliciosas bitters, pale ales y porters, y su crecimiento afortunadamente no se debe a buscar un producto más económico (aunque en muchos casos sí) sino a ofrecer cervezas más saludables, si así podríamos definirlo, y a la vez de excelente calidad.

Las cervezas extremas son totalmente lo opuesto. Su alto contenido alcohólico (o tal vez la mayor preponderancia que tiene algún ingrediente, como por ejemplo las extremadamente lupuladas versiones americanas de cualquier estilo) y, muchas veces, el desbalance que esto genera, hacen de estas cervezas una experiencia única, generando una catarata de sensaciones, chocantes desde el primer sorbo. En este link pueden leer la nota que hicimos el año pasado recomendando 3 etiquetas extremas de Argentina.

Ambos grupos tienen sus adeptos y sus detractores. Por el lado de las extremas, las IPA americanas serían un referente junto a las complejas cervezas belgas. Aunque hay fundamentalistas que opinan que algo de 2,5% de alcohol no puede llamarse cerveza y otros que, al ver una bebida con 80 IBUS*, la considerarían más un jugo de lúpulo, ambas pueden coexistir.

Yo pienso que la cerveza tiene la capacidad de ser una bebida con tantas variantes que podemos encontrar siempre un momento ideal para disfrutarlas. Sentarse en la barra de un bar o un asado con amigos es una situación realmente deliciosa para tomar varias cervezas de sesión. Una sobremesa, una noche en soledad o tal vez alguna situación especial invita a jugarse y probar algo fuera de lo común, loco o extremo.

Afortunadamente, en la vida sobran momentos. Y para cada uno de ellos hay una cerveza que marida a la perfección.

* IBU es una unidad internacional de amargor. A mayor número, mayor el amargor de la cerveza. Recordar que siempre el dulzor de las maltas balancea este amargor, por lo tanto, podemos beber una Barley Wine de 10% y 60 IBUS y que sea levemente dulzona y, por el otro lado, una Pilsner alemana de 5% y 40 IBUS que nos parezca extremadamente amarga.

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