#UnaSemanaDulce. Día 3

Vamos con la parte dura de la sommellerie. En qué copas beberlos, a qué temperaturas, combinaciones perfectas con un plato (y no solo postres, obviamente) y mucho más. Tomen lápiz y papel, que arranca lo bueno.

Maridajes, servicio, temperaturas y copas. Los vinos dulces encierran un mundo en sí mismos y, para disfrutarlos de un extremo al otro, no vienen mal estos consejos cortitos y al pie para llevar la experiencia hasta lo más alto.

 

Uno: vamos a la mesa

blue-cheese-012Es importante no limitar la combinación de vinos dulces al postre. Es decir, a veces, dulce con dulce resulta demasiado. Piensen en quesos fuertes (con mohos azules, de cabra u oveja), frutos de mar e incluso sopas.

Hay una clásica dupla que son los tintos encabezados de Oporto con un queso azul intenso como el Gorgonzola. Ese juego entre lo punzante y salado del bocado y lo dulce extremo y alcohólico del sorbo, es maravilloso.

Además, como vimos, hay muchos estilos de vinos dulces, con más o menos cantidad de azúcar residual, o con niveles mayores o menores de acidez. Eso es clave: cuanto más dulce, más difícil de que resulte súper comodín en la mesa.

Pero, como siempre en menesteres de acompañamientos, experimentar puede asegurarnos las experiencias más reveladoras.

 

Dos: cómo ponerlos a punto

Temperaturas de entre 11°C y 14°C son recomendables para disfrutar los vinos dulces. Claro que, como siempre les digo, cuanto más compleja sea la etiqueta, podríamos beberla un poquito menos refrescada.

En la práctica, mantenerlos a temperatura de heladera, funciona. Después, durante el servicio, ármense una frapera con 2/3 de hielo y 1/3 de agua.

 

Tres: qué copa elegirles

Sobre las copas podríamos escribir toda una semana, pero no es justamente la idea. Entonces quise ir a las fuentes, y le escribí un email a Bettina Lorenzoni, de la cristalería austríaca Riedel. Esto me escribió: “nosotros no tenemos una única copa para vinos dulces, teniendo en cuenta que este estilo suele elaborarse a partir de uvas distintas. Riedel tiene tres presentaciones: Vinum, Sauternes y Icewine. La copa Sauternes, por ejemplo, tiene un inusual diseño curvo que acentúa los aromas a damascos tan típicos de estos vinos afectados por la botrytis”. Y suma: “como Riedel es famosa por sus copas específicas para cada varietal, es crucial que cada una tenga sus dimensiones en función de cada vino”.

¿En definitiva? Dependiendo la complejidad y el estilo, podemos elegir una clásica copa de degustación para un blanco simple de cosecha tardía, o alguna de boca más generosa y borde algo abierto para un oporto tinto robusto. El razonamiento es igual que para los vinos secos: a mayor complejidad, mayor tamaño de copa.

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