¿Por qué un vino con madera es más caro?

La pregunta es básica, pero las respuestas son siempre ambiguas. Más allá del estilo y de la mente de marketing detrás, un tinto criado en barricas de roble tiene sus particularidades numéricas. Sin irnos por las ramas, acá les cuento todo.

La aclaración vale y basta con mirar los números de la góndola: en tintos que superan holgadamente el año de descanso entre maderas, su precio escala alto. El tema es que la nota dulzona a chocolate, dulce de leche y vainilla que despierta en un vino cuando durmió en roble, suele gustar a todos. Pero si tenemos en cuenta que una barrica nueva de roble francés alcanza cómodamente un costo de 900 Euros, es entendible el panorama.

Para sumarle más carga numérica al asunto, esos pequeños toneles tienen una corta vida útil: piensen que el objetivo es que la madera impacte en el contenido, así que a medida que pasan los años, esa influencia se atenúa hasta llegar a un momento en donde un barrilito es igual a un tanque de acero inoxidable, uno de fibra de vidrio o cualquier material inerte. ¿Cuánto? 4, 5, 6 años.

Si solo le caben 225 litros y es tan corto el tiempo de amortización posible, démosle la derecha al asunto y amiguémonos con la idea de que, si gusta la madera, habrá que empequeñecer la billetera.

¿Plan B? Sí, claro, los sistemas alternativos como duelas o chips bajan sensiblemente el costo, y en muchas ocasiones se obtienen resultados súper interesantes.

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