Tratado sobre el corcho

A pesar de lo que pueda decirse, el corcho sigue liderando el podio en cuanto a difusión y aceptación. Acá les cuento parte de su historia, variantes y esas claves para saber qué vino tenemos en frente según su tapón.

Podríamos responsabilizarlo a Dom Pérignon porque es él quien, se dice, introdujo el tapón de alcornoque como forma para sellar sus Champagnes. Su explicación es evidente: se trata de un material poroso, flexible, natural, que resiste el paso del tiempo, logra buena hermeticidad y tolera bien desde temperaturas extremadamente frías hasta días de calor intenso.

Además, tiene la mística que ningún otro sistema alternativo supo captar. Eso no tiene precio.

El notable enólogo Roberto de la Mota, una de las voces más autorizadas de la vitivinicultura argentina, cuenta que “sí es cierto que el alcornoque tarda muchísimos años en producir la corteza en cantidad y calidad necesarias y, además, se pueden cosechar solo después de 9 años de la cosecha anterior. Ello conlleva a que las cantidades producidas puedan aumentar muy poco y sea un recurso limitado y caro. Es así que el corcho natural pasará a ser un tapón para vinos de cierta calidad y precio determinados.”

Eso motiva a que, dentro de los estilos de corchos naturales, surjan subestilos, algo más económicos pero igualmente conservadores:

Corchos de una sola pieza // Los más costosos y, claro, los que mejor performance han demostrado. Se fabrican por la perforación de un tozo único de corteza y, en general, tienen un aspecto muy limpio y atractivo. Varían en su tamaño, pero son los de este estilo los que tienen un largo mayor, sobre todo para los tintos de crianza (ver recuadro).

Corchos colmatados // Son algo más económicos que los anteriores, aunque su base es la misma: se trata de una única pieza de alcornoque que, al tener una menor calidad expresada en poros más grandes y una textura más irregular, son cubiertos por una capa de polvo de corcho que se fija con una cola de caucho y resina. A la vista, se lo ve como un tapón sin imperfecciones y de un color uniforme (generalmente más claro que los corchos naturales de una pieza única).

Corchos de aglomerado // Súper difundido entre las etiquetas más económicas y, sobre todo, en las marcas más clásicas cuyos consumidores aún son reacios a las propuestas alternativas. Podrían considerarse como subproductos, ya que se fabrican a partir de granulados de corcho o restos de materiales no utilizados de la producción de los corchos naturales. ¿Su aspecto? Un claro aglomerado de trocitos de alcornoque.

Corchos mixtos // Estos tapones son un punto intermedio entre los naturales de pieza única y los de aglomerado. Un cuerpo de aglomerado que, en ambos extremos, tiene un disco de corcho natural (por eso también se los llama “1+1” o “bicapa”). En vinos de franjas intermedias de precio están muy propagados.

Corchos para vinos espumosos // Los más distintos de todos, ya que por la presión interna que generan las burbujas se necesita un corcho de diámetro mayor. Acá, la mayor parte del tapón está compuesto por aglomerado al que se aplican dos anillos de corcho natural en el extremo que va a estar en contacto con el vino.

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