El alma perdida del Torrontés

Con ella nos pasa algo distinto a lo que vemos con otras uvas: es nuestra, ciento por ciento argentina, como la Bristol o la zurda potente de Kempes. Pero el tiempo le jugó una mala pasada, y hoy quedan pocos sobrevivientes del verdadero y querido torronto.

Es imposible desasociarla con la damajuana. El blanco oloroso bebido de a chorros en algún puestito perdido entre la tierra roja y las sonrisas eternas del salteño. Es un grano particular en el que la Moscatel de Alejandría, que le dio vida junto a la Criolla Chica, le dejó impregnado ese olor a flores silvestres, al pan dulce que cada Navidad compra mi abuela Nélida.

Una cepa desordenada, imposible de encasillar. De esas cosas que se aman o se odian, pero que jamás podrían pasarle inadvertidas al paladar. Es naturalmente amarga cuando llega el último trago, y eso forma parte de su identidad. Una identidad que muchos Torrontés perdieron de la mano de su internacionalización.

No es de caprichoso, nada de eso, ni tampoco dejo de entender la realidad del mercado. El camino que comenzaron a andar las etiquetas nacionales en el exterior hace ya años permitió que tengamos los vinos maravillosos que hoy disfrutamos fronteras adentro. Fue positivo, desde ya que lo fue.

Pero el Torrontés perdió algo. Perdió una partecita de su alma en el instante exacto en el que dejó que le arrebatasen aquel amargor sutil o aquel vulgar olor a uva fresca que es a veces menospreciado. Ahora se le enmascara este saborcillo, se lo combina con tal o cual cepa para darle mineralidad, se le inyecta colágeno en sus labios y los implantes lo hacen ver un tanto plástico. La belleza está… está ahí escondida entre maquillaje y ropa de diseño. Pero ya no es lo mismo.

Estoy convencido de que los mejores Torrontés nacionales son los verdaderamente auténticos, esos apenas alterados a lo largo de las décadas. La damajuana de Domingo Hermanos, el blanco de La Riojana, ese delicioso Etchart Privado que decora con su botella caramelo la mesa de miles cada noche. Etiquetas prófugas de las modas que, no curiosamente, son de las más económicas que pueden encontrarse en suelos argentinos.

Todavía ellos se mantienen en el perfil original. Ese estilo puritano que se negó a traicionar su esencia aceptando ser algo que nunca debió ser.

ESTE ARTÍCULO FUE PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA REVISTA CUISINE&VINS

4 comentarios en “El alma perdida del Torrontés

  1. Estimado Mariano ; te escribo para recordarte que todas que todas esas ¨ partecitas ¨ que perdio el Torrontes , no son mas que defectos de las vinifaciones de antaño ; el verdadero Torrontes es el que expresa intensidad sin ser vulgar y sin amargos . Realmente hoy hemos descubierto de que se trata el torrontes , no es ese vino empalagoso el cual todo elmundo catalogaba de dulce apenas lo olia , es un vino frresco , frutal , especiado y muy complejo . Recorda que hay una industria atras y mucha gente que vive de esto ; por eso es muy importante que el torrontes no vuelva a ser mas lo que fue hace 15 o 20 años atras .
    El torrontes tiene que ponerse a la par del Chardonnay , El Sauvignon Blanc y Pinot Grigio .
    Te invito a la bodega cuando quieras , asi degustamos los torrontes que estamos elaborando .
    Un abrazo sincero .
    A J Nesman

    1. Alejandro! Tengo que admitirte que estoy bastante en desacuerdo, en verdad.

      Estoy convencido de que son estilos. El perfil que vos contás está muy bien que exista y creo también que nos ha servido para que la crítica internacional pueda entenderla desde otro costado.

      Pero también sostengo firmemente que el Torrontés con esos defectos tiene una identidad que se ha desdibujado en muchas de las etiquetas que emergieron en el mercado en los últimos años y que, en definitiva, motivó esa columna.
      ¿Por qué el Torrontés no debe ser vulgar?
      En agosto del año pasado, catando con un equipete importante de Master of Wine, críticos y asesores vitivinícolas en el panel del International Wine and Spirti Competition (IWSC) en Londres todos, sin excepción, quedaron embelesados con un Torrontés en particular, el que creían exótico y distinto. Ese Torrontés, el que finalmente obtuvo la más alta puntuación en todos los vinos sudamericanos (tintos de alta gama incluidos), efectivamente era uno de estos incorrectos.
      Me basta con descorchar el Etchart Privado e invitar a expertos y no tanto a probarlo… nunca falla. En 2012 se los dí de probar a ciegas a dos de los más experimentados enólogos argentinos (acostumbrados a probar etiquetas de todo el mundo para ponerlos a prueba con los suyos); su reacción me dejó perplejo: creyeron que les estaba convidando algún Riesling de los mejores de Alemania.
      Creo que hay muchos vinos a la par del Chardonnay, el Sauvignon o el Pinot Grigio, y me daría lástima ver al Torrontés a su lado. El Torrontés distinto tiene algo que tienen pocos en el mundo. Algún Albarinho, quizás; un Verdejo, un Moscatel. Pocos blancos así que me daría una tristeza profunda borronear.
      Por otra parte, creo (o al menos lo intento, de verdad) ser un tipo respetuoso con la industria, siempre ponderando las historias y las manos detrás de cada etiqueta, siendo fiel a lo que pienso pero sin creerme amo de la verdad.
      Y a la bodega voy cuando quieras!!! Me hablaron maravillas del monstruo que tienen en Cafayate, así que en cuanto esté de nuevo por allí no te quepa dudas de que lo discutimos en persona. Y con un Torrontés (de un estilo u otro, eso no importa) de por medio.
      Te mando un abrazo grande!
      Mariano

    2. Alejandro, quizá sea cierto lo que estas mencionando desde un punto de vista muy subjetivo, pero en realidad a mucha gente le agradaba ese bouquet tan especial y particular que tenia el “viejo” Torrontés. Yo, en particular añoro esa caracteristica que lo hacia distinto a todos los blancos. Cordialmente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *