El Torrontés no es dulce, sabelo

La primera y última de nuestras verdaderas cepas autóctonas, la Torrontés, tiene un mito que suele rondarle desde hace añares: todos y cada uno de los vinos elaborados con ella son dulcísimos.

Es la única 100% propia de la Argentina. Un ícono nacional, así como la birome o las neuronas de Favaloro. Surgió hace mucho tiempo después del entrecruzamiento entre otras dos cepas: la Moscatel de Alejandría y la Criolla Chica (también llamada “uva negra”). Ese híbrido se logró bajo este sol, en nuestros suelos, y, desde entonces, ‘Torrontés’ se transformó en sinónimo indiscutido de las latitudes gauchas.

También en torno a esta cepa se creó un largo pergamino de fábulas que le rondan cual moscas al locro. Y, de todas , hay una que está ya fija en la mente de muchos de nosotros: “¿Quién puede dudarlo? el Torrontés es un vino dulce”.

Vayamos por partes.

Hay una característica que hace fácil de detectar al Torrontés: su nariz plural, floral, de esas inconfundibles. Un poco de jazmines por acá, naranjas por allá, el perfumito del pan dulce después. Aromáticamente potente, invasivo, descarado. Y, por qué no, ciertas notas a frutas blancas maduras, mermelada de membrillos. Sí. La nariz es inconfundiblemente dulce.

Pero la sorpresa llega después, cuando, decididísimos, empinamos la copa hacia lo más profundo de la garganta. Lo saboreamos. Se siente fresco, la acidez nos hace sonreír, se lo nota algo untuoso. Se traga. Y el dulzor no aparece. Nunca apareció. Es lo que técnicamente llamaríamos “un vino seco”, es decir, “no dulce”.

¿Pero cómo? Su nariz decía algo, y su boca la desdijo. Pues bien, sucede que sí existen algunos Torrontés dulces, pero sólo aquellos en los que el enólogo decide elaborarlo así. El Torrontés no es dulce de por sí, aunque puede serlo si es que las manos que lo producen quieren que así sea. Dulces naturales, de cosecha tardía, por ejemplo. Pero también puede haber dulces a base de Malbec, Chardonnay, Pinot Noir o Cabernet Sauvignon. Y apuesto que nadie tildaría al Cabernet de ser un tinto dulce.

Entonces, para que un Torrontés sea dulce, su etiqueta debe jurar y perjurar que lo es. Hay muchos Torrontés dulces, pero hay muchos más Torrontés secos, sin niveles de azúcar residual que sean perceptibles.

Hagan la prueba. Aunque los aromas extravagantes de la variedad nos hagan pensar que estamos frente a un vino dulce, realmente no lo es. A menos que su etiqueta se anime a contradecirme, claro.

 

¿Buscando recomendaciones? Algunos Torrontés que a mí me encantan son el Crios (de Susana Balbo Wines), Laborum (de El Porvenir de Cafayate), todos y cada uno de los que vengan de la mano de Domingo Hermanos y de Etchart, Colomé (de Colomé) y Santa Florentina (de La Riojana… en esos precios, una ganga).

4 comentarios en “El Torrontés no es dulce, sabelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *