¿Pizza y vino? ¿Podrá ser?

Si hay reunión de amigos y el delivery pide pizza, la cerveza siempre es la opción #1. Admito que es, también, la opción que más me convence, pero por ahí podés sorprenderte entre blancos y tintos. Acá te cuento algunas ideas.

La clave es que tengas en cuenta eso que está sobre el pan porque, en definitiva, la pizza en sí misma es ni más ni menos que masa cocida y, por lo tanto, no debería afectar la decisión de qué bebida ponerle al lado. Y ahí arranca el juego. Llamás al delivery con el papelito en la mano y encontrás desde algunas simplonas de mozzarella hasta la de pestilentes anchoas y quesos fuertísimos y, en el medio, el desafío de poder elegir desde un Sauvignon Blanc del freezer hasta un Syrah ultra cargado de madera.

La clave, mis amigos, está en encontrar ese punto de equilibrio en donde el peso de un vino y el peso de una pizza resulte de lo mejor.

En líneas generales, las variedades con nombres italianos como Barbera, Sangiovese o Nebbiolo tienen una tendencia a adaptarse mejor. De hecho, la Bonarda argentina (nada que ver con la italiana, pero para el caso sirve) es la que, desde hace años, se propone como una de las mejores alternativas al momento de combinar vinos y pizzas… en este caso, la estructura media de estos tintos logra una armonía divina con una amplia variedad de opciones de pizzas. Para inspiración, chusmeate estos Bonarda de alta gama que te recomendé un tiempo largo atrás.

Ahora bien, vamos con algunos tips útiles.

Si te gustan las pizzas livianas, sin tantos ingredientes sobre la mozzarella, los blancos deberían ser tu alternativa uno. Andá al súper y elegí entre algún Sauvignon Blanc de la Patagonia o un Pinot Gris sanjuanino (buscá bien, porque estos últimos no se consiguen tan fácilmente).

Una margarita, por ejemplo, solo le suma albahaca que, si bien pareciera una nimiedad, en verdad se trata de una hierba tan aromática que seguro te invade todo. En ese caso, entonces, una alternativa inteligente es elegir un rosado. Ponelo en la heladera y unos diez minutos antes de descorcharlo llevalo al freezer así le das el golpe de gracia.

¿Subimos la apuesta? Si sos de los portadores de paladares que se bancan estoicamente las anchoas, acá te digo que pusiste la vara alta. El tema es que los sabores salados hasta el extremo son los enemigos más complicados para el vino… entonces, mi sugerencia es volver a algún blanco fresco de muuuuuuuuucha acidez. Sauvignon Blanc encabeza la lista de prioridades. Si no, probá con un Torrontés de los más baratos que encuentres en la góndola (esta regla del más económico no te falla nunca cuando hablamos de Torrontés).

Si la pizza tiene queso azul, buscá un tinto rugoso, de esos bien intensos.

¿Jamón ibérico de bellota? ¿Jamón de Huelva con Denominación de Origen? ¿Jamón crudo medio pelo? Todo sirve si lo acompañás con un rosado de Malbec de linda acidez o un tinto suavezón a base de Pinot Noir.

No te podés quejar con esta guía intensiva de combinaciones raras y no tanto en materia del binomio vino-pizza. Así que si hay juntada multitudinaria y vos sos el anfitrión, olvidate por un rato de la cerveza y sorprendelos a todos.

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