8 consejos básicos para maridajes express

Lápiz y papel, por favor, y anoten cada uno de estos tips ultra prácticos y simples para aplicar en casa y disfrutar al máximo de las mejores alianzas entre vinos y comidas.

UNO // La barrica condiciona. El paso de un tinto por roble le regala notas dulces y ahumadas, factor a tener en cuenta para el maridaje. Postres de chocolate, ahumados y comidas agridulces explican acá el porqué de su éxito cuando se los combina con etiquetas que hayan estado en contacto con madera.
También analicen los blancos criados, que son divinos para los postres en donde gana la canela, la vainilla, los crumbles y la crema. Y para un salmón ahumado, por ejemplo, ni les cuento.

DOS // Cualquier corte de carne roja al horno va perfecta con tintos. Sin vueltas. Eso sí: presten atención a las hierbas con las que condimentan. El romero queda muy rico con un Cabernet Sauvignon de zonas frías como Patagonia o Valle de Uco, en Mendoza, porque desarrollan cierto aroma fresco, como mentolado; el perejil con los rosados y el orégano con el Merlot.

TRES // Un buen maridaje no es sinónimo de un presupuesto sideral. Las comidas de todos los días pueden destacarse todavía más si las acompañamos de un rico vino, de los que vemos de oferta por ahí. ¿Ideas? Ensaladas con Sauvignon Blanc jóvenes (2017 sí o sí), empanadas de carne con un cualquier vino salteño (blancos o tintos, sin distinción), pastel de papas con un Cabernet mendocino bien especiado o milanesas con papas fritas de la mano de un Malbec.

CUATRO // Cuando arranque un poquito más de frío y sea época de guisos, piensen en elegir tintos robustos, de los que casi se muerden. Si son de los más osados, prueben un maridaje por contraste: un Sauvignon Blanc o un Torrontés contundentemente frescos (casi, casi sacados del freezer) chocan y generan una sensación fabulosa en el paladar.

CINCO // Seguro lo escucharon mil veces, pero siempre es recomendable contar con una buena batería de comodines a mano. Hablamos de esas etiquetas que no tienen la simpleza extrema de un blanco suavezón pero tampoco la potencia de un gran tinto. Un Chardonnay criado en madera, un Pinot Noir, algún rosado o un Merlot patagónico.

SEIS // Es una generalización gigantesca, pero las texturas en un plato también condicionan la decisión del vino a elegir. Una textura crocante como las de unas papas fritas o la masa hojaldrada de una tarta, en general, marida mejor con tintos.

SIETE // ¿Arroz, fideos, polenta? Su alianza con vinos mucho depende de lo que los acompañe. Una salsa a base de tomates puede requerir un rosado o un tinto liviano, aunque si está súper condimentada o tiene, además, carne, ahí si vayamos a lo clásico: un Malbec, perfecto comodín, socio perfecto.

OCHO // No descuidemos las burbujas, que pueden transformar una noche más después de un día agitado en una especial, aunque al otro día haya que volver a laburar. Los grandes espumosos rosados, por ejemplo, tienen una estructura suficiente como para maridar desde pastas rellenas hasta pollo o cerdo.

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