El vino… ¿engorda?

Una, dos, tres copas de Merlot. Uno, dos, tres kilos de más. Nos importe o no llevar adelante una vida sana, todos nosotros hemos oído hablar alguna vez del mito que hoy nos reúne: mal que nos pese, el vino engorda.

Los médicos, las dietas milagrosas y las revistas que te cuentan mil temas de alimentación, tienen a nuestro amigo como uno de sus principales rivales. Blancos, rosados, tintos. Todos por igual: si pretendés bajar de peso, ni se te ocurra llevarte a la boca un buen sorbo de vino.

¿Realmente es tan así o hay, en cambio, una leyenda que agranda el asunto?

Vamos por lo primero: un vino hecho y derecho contiene agua, minerales, alcohol, ácidos; pero no contiene ni grasas ni azúcares en cantidades significativas. El alcohol es, en cambio, el que concentra la mayor cantidad de calorías, y acá viene el principal problema: como regla general, un gramo de alcohol equivale a 7 calorías, por lo que cuanto más alcohólico sea un vino, más calórico será. Piensen que una copa de blanco puede significar unas 65 calorías. Una de tinto, 75. Después encontramos a los vinos dulces que, por su alta concentración de azúcares residuales, tienen valores calóricos que pueden superar ampliamente las 100 unidades (ojo, también tengamos en cuenta que se trata de etiquetas de las que se suele beber mucha menos cantidad).

Más datos: el vino genera cierta sensación de hambre. Son buenos como aperitivos porque nos preparan para la comida que vendrá pero, claro, el problema es que puede estimular la ingesta desmedida y, acá, la culpa no la tendrá el vino sino nosotros que no paramos de deglutir todo cuanto aparece sobre la mesa.

Ahora bien, hay otra cosa que es cierta. Esta idea de que el alcohol “fija” las grasas tiene su razón de ser. Cuando se ingiere una bebida alcohólica, el cuerpo va a quemar primero las calorías del alcohol para abastecerse de energía, dejando a las grasas en un segundo plano. Entonces, si el consumo de alcohol sustituye la ingesta de otros alimentos, puede que no afecte nuestro peso directamente, pero sí nuestra salud, ya que no nos estaremos nutriendo correctamente. En cambio, si agregamos bebidas alcohólicas a la alimentación habitual, contribuimos a la fijación de grasas, favoreciendo su almacenamiento en el organismo.

Por eso es cierto que el vino engorda… tanto como lo hace cualquier otro alimento. El inconveniente mayor se da con la fijación de grasas y esta idea de incluir “calorías vacías” (ya que no llegan acompañadas de nutrientes) a nuestra dieta. Lamento decirles, mis amigos, que si tienen en mente empezar una dieta estricta, deberán olvidar por un tiempo los litros y litros de buen vino.

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