¿Hacés arroz? Yo invito los vinos…

Como lo prepares, queda fantástico. Con azafrán, salsas de todo tipo y color, picante, dulce… como venga. El arroz es de esos que te sacan del apuro, pero que con algunos tips nomás podés convertirlo en una cena increíble. De los maridajes, me encargo yo.

A éste siempre lo sacás de la galera. Cuando en la cocina lo único que se escucha es el eco de tu voz y algunos grillos chillando por ahí, abrís la alacena y encontrás un paquete de arroz. Listo, tu noche cambió por completo.

Tampoco es que necesitás la gran sofisticación, pero si le coqueteás a un risotto o una paella (googleando la receta, claramente) obligatoriamente necesitás acompañarlo por un vino. ¿Agua? ¿Coca-Cola? No, no, no mi querido. Vení conmigo que del maridaje me encargo yo.

 

A ver: hoy, la mayor parte de los arroces que se consiguen en el mercado están pulidos. Esto quiere decir que su sabor es muy tenue, teniendo en cuenta que a medida que se le quita el salvado, también se va parte de su gusto. Por eso es que, en líneas generales, un vino que no invada suele ser la mejor alternativa. Peeeeeeeeeeero…

La mayoría de los platos a base de arroz suelen estar infinitamente condimentados: azafrán, canela, verduras, aromáticas, pimentón. Mamita, acá la tarea empieza a complicarse más de la cuenta.

Por eso tendríamos que concentrarnos en las características de sabor de cada arroz y ahí sí separar las aguas. Por ejemplo, los arroces aromáticos como el basmati y el thai (o jazmín) encuentran un mejor acuerdo con blancos y tintos de mayor expresión en nariz (como sería un Torrontés, un Sauvignon Blanc o un Syrah). El arroz integral, en cambio, va mejor con tintos rústicos y algo terrosos (algún salteño, por qué no).

 

Aaaaaaaaalumnos. Saquen lápiz y papel.

1. Para un risotto de vegetales, elegí un Torrontés. Pero metelo un toquecito en freezer… que esté más frío que Leonardo Di Caprio en Titanic. Así, heladito, contrarresta la untuosidad de la manteca y el queso.

2. Para un arroz al azafrán, sigamos esa línea de blancos perfumados o, todavía mejor, rosados simplones.

3. Para una sopa de arroz puede ser un Sauvignon Blanc, por qué no. Busquen uno más herbáceo que tropical… cualquiera de San Juan, por ejemplo.

4. Para un arroz con pollo, tirémonos a los tintos, pero suavecitos. Un Merlot patagónico o algo de esto… no hay que abusar con la estructura.

5. Para un arroz con leche se me ocurre un vino dulce. Un Moscatel puede ser, pero si le agregaste canela, abrite también a los tintos de Syrah (dulces o secos).

6. Para un arroz con hongos, busquen vinos de aromas terrosos: un Merlot o un Syrah, por ejemplo. Si los hongos son solo champiñones, entonces bajen un cambio y vuelvan a los blancos. Un Chardonnay o un Viognier estarían perfectos.

 

No tenés ni una excusa más. Cruzate al súper, buscá alguno de estos vinos y desafiale la simpleza al arroz. Hoy los astros culinarios están de tu lado, campeón.

4 comentarios en “¿Hacés arroz? Yo invito los vinos…

  1. Por qué recomendás in vino terroso para los hongos terrosos? Por ejemplo , tomarías un Carmenere? El Merlot podría ir pero No quisieras algo con menos cuerpo y con Buenos taninos? No iría mejor un Bonarda en todo caso?

    1. Hola, Claudio! La recomendación es más bien genérica, porque siempre dependerá de la preparación en la que los hongos estén participando. Pero cuando hablamos de “reglas” (si es que las hay) de maridaje, podemos buscar el punto en común: un hongo de pino, por ejemplo, iría de maravillas con tintos viejitos y criados largo tiempo en toneles de madera, ya que justamente desarrollan ese descriptor.
      El Carménère, a primera vista, podría parecer muy invasivo, pero si tenemos un guisado con arroz y hongos o algún tipo de pastel de hojaldre con relleno de arroz, carne y hongos, el resultado debería ser óptimo.
      La Bonarda suele ser una cepa liviana en cuanto a su estructura tánica, pero nuevamente depende del estilo del productor y de la región: hoy hay muchos Bonarda de alta gama que se parecen a cualquier Malbec top, de boca rugosa y taninos muy agarrados.
      En definitiva, no hay estructuras tan cuadradas en el mundo del maridaje, es pura cuestión de prueba y error.

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