Malbec, ADN del éxito

El emblema que le permitió a nuestro país escalar alto y transformarse en uno de los máximos productores vitivinícolas. En esta nota que escribí para Alta de Aerolíneas Argentinas, les comparto su historia y un puñado de curiosidades que reflejan el futuro del gran vino argentino.

Domingo Faustino Sarmiento fue clave en la aventura del Malbec y su desembarco en estas tierras. Es que, si bien Argentina es actualmente el país que mayor superficie plantada de esta uva tiene en el mundo, su origen es la comuna de Cahors, en el suroeste de Francia, donde es llamada Côt.

La historia comienza durante uno de los exilios de Sarmiento en Santiago de Chile cuando, asombrado por el suceso productivo que había supuesto la importación de vides y frutos desde Francia, recomienda a los mendocinos que siguieran aquel ejemplo. Así arribó a Cuyo el Ingeniero Agrónomo Michel Aimé Pouget, trayendo consigo un manojo generoso de plantas de Cabernet Sauvignon, Merlot, Semillon y, claro, Malbec.

La fecha fue el 17 de abril de 1853, cuando el Malbec ingresa por primera vez a nuestro país y, por eso, se eligió el 17 de abril para celebrar anualmente el Día Mundial del Malbec.

El asunto es que por décadas pasó inadvertida entre la multitud, siempre mezclada con otras uvas más productivas como la Bonarda, pero, lentamente, lo que supo ser un grano solo interesante para dar color a los vinos (como se lo identificaba en su hogar natal), se transformó en un buque imbatible de la vitivinicultura local.

Hoy, más del 25% de los viñedos dedicados al cultivo de variedades tintas para vinificar corresponde a Malbec (solo la provincia de Mendoza concentra el 85% de todas las plantas de la Argentina), y estos valores se ven reflejados en los mercados, representando el 37% del total de varietales exportados, seguido muy por detrás por la Cabernet Sauvignon, con el 12%.

No hay dudas: cuando hablamos de vinos en el mundo, nosotros somos Malbec.

Con ella se elaboran desde rosados muy frescos hasta tintos de enorme estructura y, en el medio, un sinnúmero de grises que la vuelven súper versátil, dejando, ahí, su mayor diferencial. El Malbec es el comodín de la mesa, la gloria roja del sur de las Américas; esa uva tinta que junto al tango y al asado se ha transformado en embajadora inigualable de la Argentina en cualquier esquina de la Tierra.

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