Los vinos del Cabo

Tras bambalinas se lo conoce como el escenario para los paisajes vitivinícolas más hermosos del mundo. Stellenbosch es la opción número uno cuando hablamos de vinos sudafricanos… y un destino increíble para el enoturismo.

Es la ciudad del vino más conocida de Sudáfrica y, por qué no, la propietaria del título que se debate entre quienes cuentan con los paisajes más lindos del globo. Una rica historia y su particular cultura se mezclaron con la belleza natural del Cabo y, entre hileras de vid, conspiraron para que el nombre Stellenbosch resuene en todo el mundo como un destino turístico de primera clase.

La historia de la ciudad comienza en 1679, cuando la funda el entonces gobernador de la Colonia del Cabo, Simon van der Stel. Luego de su descubrimiento, Stellenbosch fue rápidamente identificada como un área de gran potencial para la agricultura: los suelos y el clima en sus alrededores resultaron perfectos para la producción de hortalizas que proveían a los barcos que pasaban por el Cabo de la Buena Esperanza, en el camino a otras colonias holandesas.

La vid, se imaginarán, no tardó mucho en llegar.

Varios viticultores expertos fueron enviados a la zona y las vides dieron frutos maravillosos, convirtiendo en poco tiempo a ese terruño como uno de los más codiciados en el mercado interno, aunque por aquellas épocas poco se hablase de Stellenbosch en el extranjero.

Desde aquellos tiempos hasta hoy, la escena cambió radicalmente: de las poco más de 100.000 hectáreas de viñedos con las que cuenta Sudáfrica en la actualidad, el 18% se acumula en la ciudad y sus alrededores, y Stellenbosch es lo primero que viene a la cabeza cuando hablamos de tintos y blancos en el continente. Pero, hay que decirlo, nada de esto fue casual.

 

Una ciudad especial

Además de su rápido crecimiento hasta convertirse en el centro africano para la industria del vino, Stellenbosch es conocido como uno de los principales focos culturales del país. En 1918 se fundó la Universidad de Stellenbosch, que sigue siendo una de las entidades educativas más reconocidas a nivel internacional.

Y, aunque la ciudad ha experimentado un rápido crecimiento residencial y comercial en los últimos años, en sus calles todavía se respira la historia. Los edificios reflejan más de tres siglos de ocupación, incluyendo la arquitectura holandesa, georgiana y victoriana; una gran cantidad de museos y lugares de interés se encuentran a lo largo de las calles, custodiadas por robles antiquísimos. Y, lo mejor, siempre a lo lejos se pueden admirar los picos montañosos que observan de cerca el movimiento citadino.

Como la capital del vino que es, Stellenbosch cuenta con una combinación interesantísima de alojamientos y restaurantes que ofrecen muchas de las especialidades de la zona. Dos de nuestros recomendados para conocer con el paladar la gastronomía local son The Restaurant at Clos Malverne, sobre la ruta 310 (que abre los domingos… un detalle nada menor por estos pagos en donde los fines de semana son sinónimo de descanso total y absoluto), y Oppie Dorp, en el centro de la ciudad, con precios acomodados y cocina autóctona.

Para descansar, probablemente el Asara Wine Estate & Hotel sea la opción más glamorosa de todas, con una ubicación excelente que le permite, a los amantes del vino, usar el hotel como base para sus aventuras a través de las bodegas de la zona. Ah, sí, sí, a eso vamos, a zambullirnos de lleno en las rutas del vino.

 

Con el mapa en la mano

Esto es interesantísimo: cuando en el mundo poco se hablaba de ellas, Stellenbosch ya contaba con una ruta del vino: ese camino guiado a través de viñas, casas de elaboración, restaurantes y hoteles en bodegas que suponen el paraíso del enoturismo, y que desde el año 1971 encanta a los visitantes por estos rincones sudafricanos.

Bajo los nombres “Greater Simonsberg”, “Stellenbosch Berg”, “Helderberg”, “Stellenbosch Valley” y “Bottelary Hills”, la iniciativa propone agrupar una decena de atracciones en cada recorrido sin necesidad de salirse de la ruta y correr el riesgo de perderse en el camino. Esto simplifica la tarea de visitar bodegas, sobre todo cuando el turismo llega de la mano de extranjeros que desconocen la zona, e incluso el idioma. Hoy existen 146 miembros, entre bodegas y viñas, unificadas en estas rutas.

Claro que, además, existe la posibilidad de contratar servicios especiales que a través de un bus les abren la posibilidad a los visitantes de recorrer poco menos de media docena de bodegas ya previamente establecidas.

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