La nueva alta gama argentina

La industria del vino al sur del continente está viviendo una efervescencia nunca antes vista, con blancos y tintos de tendencia bajo una trilogía de conceptos que renuevan el juego. Ésta fue la primera nota que escribí para FOOD & WINE en Español… ¡a disfrutarla!

Identidad, diversidad y acidez. Hasta finales de 2016, la industria vitivinícola argentina mantuvo el foco centrado en la independencia de productores consagrados en grandes bodegas que optaron por la idea de hacer de las suyas, incluso en el garaje de sus casas, creando vinos de producciones pequeñas y enorme calidad. Hoy, las etiquetas icono locales han redoblado la apuesta montadas en esta trilogía de conceptos que, en palabras de Andrés Blanchard, copropietario de Blanchard & Lurton, comienza con “la expresión del terroir. Pero también estos vinos exploran la frescura y expresión de la fruta con menos tiempo en barrica y cosechas más tempranas, procurando balance en madurez. Finalmente, la diversidad varietal, mostrando que Argentina no solo es Malbec”, explica.

De hecho, aunque por años la denominación “Mendoza” fue suficiente, los exponentes más sobresalientes que vieron la luz en los últimos tiempos (y algunos de los cuales abordaremos más adelante), se han esforzado por explorar nuevos terruños, con el Valle de Uco como región medular y, así, las zonas de Gualtallary, Chacayes, Altamira o El Cepillo comenzaron a tomar protagonismo por sobre la provincia. En ellas, suelos de origen aluvial y con alto contenido de calcio se traducen en blancos refrescantes y tintos de taninos secantes y hermosa textura.

Los estudios de suelo, los mapeos constantes y la tecnología como aliada terminaron de dar el golpe final, junto a los departamentos de Investigación y Desarrollo que se quintuplicaron, volviéndose moneda común entre las bodegas gauchas. Y el enólogo, claro, que fue el motor que supo radicalizar esta revolución vínica. E, incluso aquí, también hubo un quiebre: la alta gama que hoy conmueve es, es su enorme mayoría, concebida por argentinos y ya no tanto por los winemakers golondrina que supieron llevar a lo alto a la producción local.

 

La clave, la acidez

El país conquistó el escenario internacional de los vinos a fuerza de un perfil de Malbec intenso y maduro, de los que tiñen los labios y dejan cada rincón de la boca impregnado con notas dulces de ciruelas, chocolate y violetas. Eso fue siempre sinónimo de Argentina.

¿Pero cuánto ha cambiado esa realidad? ¿Cuánto deberíamos olvidarnos de los tintos locales coloreados, rellenos de madera y alcoholes altos? La respuesta parece brotar de la naturaleza.

Las últimas añadas en las principales regiones productoras del país fueron más frescas que la media histórica, lo cual ayudó seguramente a descubrir el potencial de una cosecha más temprana. Una vendimia apenas anticipada, entonces, significa granos ricos en acidez y más pobres de azúcares, lo que dentro de la bodega permite obtener algunos Malbec, claramente, pero también exponentes de Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon e incluso Pinot Noir que se vuelven naturalmente frescos, elegantes y con gran potencial de envejecimiento.

De la mano de este nuevo estilo, se abrió la posibilidad del estilo impensado y, así, en una tierra en donde ‘el mejor blanco era un tinto’, Argentina encontró que el Chardonnay también tenía su lugar en Gualtallary, que el Semillon patagónico podría crecer y que, incluso, un Sauvignon Blanc tendría la capacidad de sorprender gratamente a más de tres mil metros de altura, en las tierras jujeñas, al norte del país.

 

¿Entonces dónde está el Malbec?

“La tendencia es a una alta gama mucho más diversa, con más estilos y algunos muy diferentes”, se sincera Sebastián Zuccardi, responsable de enología de Zuccardi Valle de Uco, y sigue: “una alta gama focalizada en profundizar la expresión del lugar de origen pero también con la búsqueda de la identidad del hacedor. Creo que será mucho más interesante desde la cantidad de opciones y perfiles de vinos con los que nos vamos a encontrar”.

Es que Argentina no es solo Malbec, no. En la selección de etiquetas que sigue, de hecho, verán cómo los vinos rojos argentinos eligen, en muchos casos, alejarse de la idea de su cepa emblema. Quizás porque en esta tierra aún hay mucho por descubrir o, quizás, porque así se le da un lugar protagónico a la región, ansiando que en un futuro no tan lejano el poder de un tinto de Altamira sobrepase su mera composición varietal.

Así que aquí reseñamos muchos Malbec, pero también blends, aportes de Cabernet Franc y Chardonnay. Y habrá Altamira y Gualtallary. Y habrá acidez, mucha acidez, porque de eso se trata.

Así es la nueva alta gama argentina, bienvenidos.

 

El Enemigo Chardonnay 2015

En Gualtallary, a más de 1400 metros de altura, se encuentran las uvas que dan vida a este internacionalmente galardonado Chardonnay. Alejandro Vigil, a estas alturas uno de los ases del varietal en el país, sorprende en esta añada con un blanco complejo, quizás el más interesante de su corta historia, fermentado con levaduras salvajes en toneles de roble francés de 500 litros. Allí mismo aparece el velo en flor (esta capa de levaduras tan famosa en los vinos de Jerez y Jura) y esos perfumes a almendras, té negro y miel que explotan en boca, dejando un largo y voluminoso final.

 

Blanchard & Lurton Grand Vin 2016

En 2014, el productor argentino Andrés Blanchard junto al bodegero francés François Lurton formaron “Blanchard & Lurton”, la única bodega argentina concentrada solo en blancos. Esta añada de su Gran Vin combina la frescura del Tokay (34%) y el Sauvignon Blanc (28%) con la boca golosa del Viognier (23%), el Pinot Gris (9%) y el Chardonnay (6%), vinificando cada componente por separado, con técnicas y tiempos de cosecha específicas para cada uno. El Viognier, fermentado con pieles, es clave para lograr su bellísima estructura en boca, mientras que el Sauvignon refresca la nariz y lo vuelve maravilloso.

 

Adrianna Vineyard Mundus Bacillus Terrae Malbec 2014

No existe en la historia reciente argentina, una bodega que haya desarrollado e invertido más horas de sueño en el progreso de la industria vitivinícola local que Catena Zapata. El viñedo Adrianna, en Gualtallary, es autoproclamado por la casa como “la finca más estudiada del mundo”, y razones no faltan. Apenas 1,4 hectáreas se reservan para esta etiqueta en donde al Malbec se lo cofermenta con un porcentaje minúsculo de Viognier, resultando en un tinto soberbio, de perfil mineral y aromas a clavo de olor, cuero y arándanos. Un tinto carnoso y a la vez sofisticado, archivado entre los mejores vinos del mundo.

 

Cobos Chañares Vineyard Malbec 2014

La añada 2014 fue especial en esta zona de Los Árboles, porque a comparación de otras zonas dentro del Valle de Uco, aquí la cosecha se adelantó hasta apenas unos días antes de abril. Uvas maduras, con gran concentración de azúcares, son el emblema de la bodega: Viña Cobos y su mundialmente famoso enólogo Paul Hobbs entienden como nadie la expresión más jugosa y corpulenta del Malbec. Criado durante 17 meses en barricas de roble francés nuevo Taransaud, esta belleza es innegablemente uno de los iconos de Argentina, y un tinto de bebida obligatoria para entender el alcance que puede tener un world class Malbec.

 

Imperfecto 2012

“Nadie es perfecto, ni siquiera este Malbec de Gualtallary contaminado con 3% de Cabernet Franc”. Así presenta su enólogo, Daniel Pi, a este tinto de garaje que deslumbra desde el instante en que sus tonos negros se desperezan en la copa. La boca y su textura lo delatan como un representante innegable de Gualtallary, y se suman a una fiesta de aromas a cerezas, grafito, vainilla y jazmines. Un vino complejo de gran potencial de guarda que encarna, seguramente, la mayor contradicción entre los nuevos top argentinos: un Malbec perfecto que se animar a jugar a que no lo es.

 

Nosotros Single Vineyard Nómade 2013

Susana Balbo es la enóloga más reputada de la Argentina, y su trabajo nada tiene de nuevo. Tiene, por el contrario, la experiencia acumulada de años de expertise en tierras locales y como consultora en bodegas de todo el mundo. Acá, Balbo recrea un Malbec 100%, de casi 15% de alcohol y criado 16 meses en barricas nuevas de roble francés. El resultado es un vino delicioso que respeta la identidad de Malbec: ciruelas en compota, violetas, algo de pimienta negra y el aporte exacto de las notas dulces de la madera. Para saborear de principio a fin.

 

SuperUco Gualta 2012

La nueva camada de los grandes vinos argentinos ha sido marcada a fuego por la familia Michelini. Los hermanos Matias, Juan Pablo, Gerardo y Gabriel, desde Gualtallary, su lugar en el mundo, son de los mayores responsables en materia de exploración, relax e innovación vínica argentina. Su último proyecto es SuperUco: una finca que utiliza prácticas biodinámicas y de la que brotan las uvas de Malbec y Cabernet Franc que dan lugar a estas apenas 900 botellas. Un tinto repleto de sutilezas y de una nariz infinita que exige tiempo en la copa. Para comprar 2 botellas: una beberla hoy y guardar la otra unos 10 años.

 

República del Malbec 2015

Fuera del reputado Valle de Uco, este nuevo icono argentino se elabora a partir de uvas Malbec de más de 100 años de edad en Las Compuertas, a 1100 metros de altura en la tradicional zona de Luján de Cuyo, también en Mendoza. Con una vinificación artesanal, la fermentación se realiza en cubas de roble abiertas, levaduras indígenas, y cosecha, selección y remontajes manuales. El uso inteligentísimo de la madera termina por redondear un gran vino argentino, de nariz especiada, paladar goloso y largo final de boca.

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