¿Fiestas sin Champagne?

Costumbres de bebidas para beber en las fiestas, pero lejos de los espumosos (Champagne incluido, claro), moneda corrientes en estos días. Desde las tradiciones en República Dominicana hasta copas populares de Noruega.

En la copa reinan sus burbujas y se descorcha como nunca en épocas de fin de año. Pero no, no hablo de vino. El Julebrus es, además de una tradición de las familias noruegas, una bebida efervescente y sin alcohol que dejó de ser exclusividad de niños para transformarse en la alternativa más popular de las noches adultas de Navidad y Año Nuevo. No es que las fiestas escandinavas prescindan del bendito Champagne pero, les cuento, alrededor del mundo se replican lindos ejemplos de extrañeces líquidas que emborrachan las últimas horas de diciembre.

En República Dominicana la costumbre es obligada: sobremesas de Navidad, siempre con anís; alguno español, seguramente, de Badalona o Chinchón. Al licor se lo disfruta junto al café, con el postre o solito e, incluso, es muy usado para darle un sabor alcohólicamente navideño a pasteles salados o arepitas de maíz. El ponche en México y el Sorrel de Trinidad y Tobago, refrescantes hasta la médula, o nuestra sidra, mucho más dulce y burbujeante que sus pares andaluzas.

Pero cruzando el Atlántico encontramos que también Europa cuenta con muchos de estos brebajes nativos que, en general, buscan alcoholes altos que le pongan fuego al crudo invierno norteño, como las cervezas de Navidad que se replican en casi cada punto cardinal del Viejo Continente. ¿Y sin alcoholes? Claro, los Kompot polacos, una suerte de jugos claritos que se obtienen después de la cocción en abundante agua de frutas como damascos, frutillas, ruibarbos o manzanas. O el julmust sueco, camuflado en botellitas similares a las de cerveza y asomado en la góndola solo a fines de diciembre, es otra alternativa similar sin alcohol que se enriquece del amargo de los lúpulos.

La época es fenomenal y, si bien los vinos tranquilos y espumosos suelen ser la primera opción cuando buscamos hidratar las noches de fiesta, también hay de las otras; de esas botellas que suponen un descorche distinto y que, a fin de cuentas, nos dejan ese mismo objetivo: brindar por un nuevo año compartido, y porque lo que venga siga rebosante de mil risas y mil sonrisas.

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